Comparte esta noticia

Por Eduardo González Rodríguez ()

Santa Clara.- ¡Del carajo! Se metieron cincuenta años convenciéndonos de que el capitalismo era malo y ahora no saben qué palabras inventar para convencernos de que el capitalismo es bueno.

Los que definitivamente creyeron que sí, que el capitalismo era malo, -nuestros abuelos y nuestros padres- andan por ahí sin plata, con hambre y con vergüenza de ser mantenidos por los dos o tres contrarrevolucionarios de la familia que, gracias a Dios, se fueron al norte revuelto y brutal.

Para colmo, andan estudiando una nueva retórica que confunda, no que convenza, para que sean las Mipymes las que les pague a esos ancianos una jubilación por los años que trabajaron para el Estado. Y nada, siguen diciendo que es para salvar al pueblo, para crear una sociedad más justa y próspera.

Me imagino que esos sembradores institucionales de esperanza no tengan ni la más mínima idea de lo que es el hambre, ni el calor o los mosquitos. Y no hablo del hambre biológica que aparece tres horas después de un desayuno a base de pan integral, mantequilla, huevo hervido, jamón serrano, queso español, jugo natural y café La llave.

Hablo del hambre que ya no conoce desayuno, ni merienda, ni almuerzo. Hablo del hambre aburrida, asqueada, del plátano fongo al strike, en trozos o aplastados, con la indignidad del ajo puerro por encima para aparentar que seguimos siendo humanos. Sin futuro, sí, pero todavía humanos.

Los mismos que llenaron los tanques de basura con los libros de Marx, Engels y Lenin cuando se cayó el socialismo europeo, hoy vuelven a tomarlos como escudo. Pero ya es muy tarde. Sin querer -o quien quita que queriendo- están demostrando que para plantarse y decir que un país es socialista, no son necesarios los beneficios que prometen. Solo basta tener un ejército. Puedes privatizarlo todo, puedes dolarizarlo todo, puedes imcumplirlo todo, que si dices «esto es socialismo», será socialismo.

Al final, el estado tiene el poder y al pueblo lo único que le queda es hablar bajito y doblar el lomo.

¡Del carajo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy