El puente que el Amazonas no necesita

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- El Amazonas es un monstruo de más de 6.400 kilómetros que arrastra al Atlántico la quinta parte del agua dulce del planeta. En algunos tramos es tan ancho que, plantado en una orilla, no distingues la otra ni con catalejo. Y sin embargo, si a alguien se le ocurriera cruzarlo en coche, tendría un problema: no puede. En todo su cauce, de nacimiento a desembocadura, no hay un solo puente. Ni uno. Y no es por dejadez ni por pereza de los ingenieros. Es pura lógica.

Los puentes no se construyen para quedar bonitos en la postal, sino para conectar carreteras y gente. Y ahí está el primer problema. Salvo Manaos, esa ciudad de más de dos millones de habitantes que aparece en mitad de la selva como un oasis de asfalto, el Amazonas discurre por una selva prácticamente virgen. No hay red de carreteras que conectar de un lado al otro porque no hay gran cosa al otro lado. Para los pocos que viven en sus orillas, el río ya es la autopista: se mueven en barco, que es más barato y práctico que cualquier alternativa sobre ruedas. Nadie lo necesita.

Pero supongamos que a alguien le sobrara el dinero y las ganas de construir el puente igualmente. Se topará con un problema aún mayor: el Amazonas se comporta como un ser vivo, caprichoso y bastante hijo de su madre con la ingeniería. En época seca mide unos nueve kilómetros de ancho, pero cuando llegan las lluvias, el nivel sube quince metros y el río se traga selva a su alrededor durante kilómetros. Levantar un puente ahí no sería salvar un cauce, sino construir un viaducto sobre un barrizal movedizo dispuesto a tragarse los cimientos. Una pesadilla técnica hecha río.

Y aunque se resolviera el problema técnico, quedaría el económico, que suele ser el que de verdad decide estas cosas. Meter maquinaria pesada en mitad de la selva para levantar semejante mole costaría varios miles de millones de dólares. ¿Para qué? ¿Para que pasen tres tractores despistados y un camión de plátanos al día? Las cuentas no salen ni con la calculadora de un político en campaña. El río ya cumple su función, y gratis.

Existe, eso sí, un puente imponente en la región: el Ponte Rio Negro, de 3,6 kilómetros, inaugurado en 2011. Pero antes de que nadie se emocione: cruza el río Negro, un afluente, justo antes de que se funda con el Amazonas junto a Manaos. El río principal, el de verdad, sigue invicto, sin una sola viga encima de sus aguas. Porque hay gigantes que no necesitan ser domados. Y el Amazonas, con su soberbia de dios líquido, prefiere seguir siendo el rey sin puentes.

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