El hombre que fue a morir y acabó plantando secuoyas

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- Galen Clark tenía tuberculosis y se fue a las montañas a morirse. O a mejorarse. Él mismo dijo que aceptaba cualquiera de las dos. Cogió sus cosas, dejó el trabajo y se internó en California con 42 años, convencido de que le quedaban dos telediarios.

Se instaló en Wawona, cerca de Yosemite, construyó una cabaña y empezó a recibir viajeros. Pero un día se topó con los árboles más grandes que había visto en su vida: las secuoyas de Mariposa Grove. Y ahí se le acabó la tuberculosis y empezó la obsesión.

Se puso a medirlos, a escribir sobre ellos, a dar la lata para que no los talaran. Porque en aquella época, un árbol gigante era madera, no patrimonio. Clark entendió antes que nadie que aquellos monstruos verdes merecían quedarse donde estaban.

Y resulta que en 1864, Lincoln firmó una concesión que no se había hecho nunca: proteger tierras por su belleza. Y Galen Clark fue el primer guardián de Yosemite. El tipo que había subido a morirse se convirtió en el guardián de los gigantes.

Murió en 1910, casi a los 96. Había vivido 53 años más de los que esperaba. Y había plantado secuoyas alrededor de su tumba. Hoy esos árboles se elevan sobre su sepultura. El hombre que fue a morir acabó plantando sombra para los siglos.

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