
La historia detrás de la foto (XCIII)
Por Anette Espinosa ()
La Habana.- Esta foto me la encontré las redes sociales cubanas, o en las que entran los cubanos. Muestra un pan. Pequeño, oscuro, deforme, con una costra que parece más cartón que corteza. No es una imagen extraordinaria. En Cuba, ese pan es tan común que nadie se sorprende al verlo. Pero si uno se detiene a mirarlo, si se permite observar más allá de la forma y el color, esa foto cuenta una historia que ningún periódico oficial se atrevería a publicar.
Ese pan se hornea en las panaderías del régimen, lugares que el gobierno prefiere no mostrar en sus reportajes triunfalistas. Allí, la harina no llega entera a los moldes porque antes ha pasado por manos que se llevan su parte. El aceite, la sal, la levadura: todo tiene un costo, todo tiene un dueño que se sirve primero. Y lo que queda, lo que finalmente se amasa, se cuece en hornos que nadie limpia, sobre bandejas que nadie raspa, en un ambiente donde las cucarachas y los roedores son tan parte del proceso, como el panadero.
El resultado es ese pan de la foto. Una masa densa, sin sabor, que a veces sabe a insecto y a grasa rancia, si es que alguna vez la bandeja vio grasa. Los panaderos lo saben, los vendedores lo saben, los compradores lo saben. Pero no hay alternativa. Es el pan del decreto, el que la Revolución concede como una limosna. Porque en Cuba se recibe pan. Y quien recibe no elige, solo paga, agradece y calla.
El pan del pobre
Mientras tanto, los dirigentes no comen ese pan. Ellos tienen acceso a baguettes recién horneadas, a panes de queso, a hogazas que nunca verían la luz en una panadería estatal. Sus hijos no muerden migas negruzcas con sabor a naftalina. Sus mesas no conocen la vergüenza de un pan que parece más un castigo que un alimento. Pero a ellos no les importa. Su problema no es el pan, es que el pueblo no se dé cuenta de que el pan podría ser distinto.
¿Es culpa de Trump? ¿De Rubio? ¿Del bloqueo? Pregunto al gobierno. Y la respuesta es simple: el bloqueo no ensucia las bandejas, no roba la harina, no llena de insectos los hornos. El bloqueo no decide que el pan sea negro ni que se venda en minúsculas porciones. Eso es obra de la desidia, de la corrupción, de una burocracia que nunca ha tenido que probar su propio producto. El bloqueo es un obstáculo, sí. Pero la miseria del pan cubano es una elección.
Esa foto, la del pan negro y minúsculo, es el espejo de una Cuba que el régimen no quiere que veas. Es la prueba de que el castrismo no sabe gobernar, solo sabe robar y repartir migajas. Y mientras el pueblo se pregunta por qué su pan sabe a cucaracha, los dirigentes se preguntan por qué el pueblo no agradece el privilegio de tener pan. La respuesta está en la foto. Y también en el silencio de quienes prefieren no verla.






