
Pinar del Río organiza la muerte
Por Oscar Durán
Pinar del Río.- Pinar del Río tiene motivos para celebrar su sede del 26. No llegó pollo, no aparecieron medicamentos, no mejoró el transporte público ni desaparecieron los apagones. Lo que aterrizó fueron siete carros fúnebres nuevos.
Parece que la prioridad del momento no es evitar que la gente la pase mal, sino garantizar que, cuando llegue el desenlace, por lo menos el viaje final sea un poco más cómodo. Hay que reconocer que la planificación tiene lógica: si no pueden mejorar la vida, al menos intentan organizar mejor la muerte.
Las autoridades explicaron, orgullosas, que cuatro vehículos funcionan con combustible y tres son eléctricos. Una mezcla de tecnologías para modernizar el servicio necrológico. Lo único preocupante es que los eléctricos dependen del Sistema Electroenergético Nacional. O sea, el difunto tendrá que esperar a que regrese la corriente para poder salir de paseo.
En Cuba ya no solo se suspenden las fábricas y los hogares por los apagones; ahora también existe el riesgo de que se atrase el último recorrido.
El anuncio vino acompañado de todos los detalles técnicos posibles: que si 120 kilómetros de autonomía, que si tres horas y media de carga, que si una futura estación solar. Uno lee aquello y parece que están presentando el último modelo de Tesla. Lo curioso es que para una ambulancia, un ómnibus o un camión de recogida de basura nunca aparecen especificaciones tan modernas. Pero para los carros fúnebres, ahí sí hay innovación, eficiencia y sostenibilidad. La muerte, al parecer, sí merece inversión.
Dicen también que la provincia dependía hasta ahora de vehículos prestados por Tabacuba y otras entidades para garantizar los entierros. Es decir, había más incertidumbre para enterrar a una persona que para conseguir un turno en la bodega. Ahora, con siete carros nuevos, las autoridades aseguran que mejorará la capacidad de respuesta. Menos mal. Porque si algo sobraba en Cuba era la tranquilidad de saber que, al menos al final del camino, tampoco había transporte.
«Pinar del Río avanza hacia la modernización del transporte público». Confieso que tuve que leer esa frase dos veces. Si el símbolo del progreso son los carros fúnebres, entonces estamos oficialmente en un país donde el único transporte que promete mejorar es el que no admite pasajeros de regreso.
Mientras los vivos siguen esperando una guagua durante horas, el régimen anuncia con orgullo que los muertos ya tendrán una flota renovada. Hay noticias que, por sí solas, hacen todo el trabajo del humor.






