Comparte esta noticia

Por Anette Espinosa

Guantánamo.- Cada vez que el régimen habla de soberanía alimentaria, uno sabe que viene otro capítulo de ciencia ficción agrícola. Ahora resulta que el municipio de El Salvador, Guantánamo, tiene sembradas 15 hectáreas de soya y lo anuncian como si acabaran de descubrir un yacimiento de petróleo.

Quince hectáreas. Eso, en cualquier país con una agricultura medianamente seria, pasa desapercibido. En Cuba merece titulares, reuniones, fotos y seguramente una Mesa Redonda para explicar la hazaña.

Lo mejor viene cuando anuncian, con un optimismo digno de Hollywood, que cerrarán el año con 100 hectáreas. En agosto sembrarán 40, después vendrán las de la campaña de frío y así, entre planes, promesas y discursos, llegarán al centenar.

La dictadura siempre siembra primero las cifras y después, si aparece un milagro, siembra la tierra. Porque en Cuba los planes agrícolas tienen una extraordinaria capacidad para crecer… únicamente en el papel.

Y, por supuesto, no podía faltar el destino glorioso de la cosecha. La soya servirá para fabricar yogur y multiplicar semillas, con la esperanza de que algún día también produzca aceite comestible. Traducido al español: todavía no hay aceite, apenas hay yogur y las semillas seguirán sembrándose para prometer más producción el año próximo. Es el círculo perfecto del castrismo: producir poco, anunciar mucho y posponerlo todo para el futuro.

Cuando llega el momento de explicar por qué la agricultura sigue siendo un desastre, aparece el personaje principal de todas las novelas oficiales: el bloqueo. Da igual que falte combustible, electricidad, sistemas de riego o una gestión mínimamente eficiente. La culpa siempre termina a 150 kilómetros de La Habana. Llevan más de seis décadas gobernando, pero todavía no han encontrado un solo fracaso que puedan asumir como propio. Esa cosecha sí que nunca germina.

Mientras tanto, el cubano seguirá entrando a la bodega con la esperanza de encontrar aceite, leche o cualquier cosa que no sea un cartel diciendo «no hay». Pero tranquilos, que en El Salvador ya sembraron 15 hectáreas de soya y prometen llegar a 100. Si mantienen este ritmo de propaganda, es probable que dentro de diez años inauguren la primera gota de aceite con una cinta, una banda de música y un discurso de tres horas explicando que el verdadero mérito no fue producirla, sino resistir heroicamente hasta conseguirla.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy