
Luis Manuel no es ningún mercenario
Por Anette Espinosa
La Habana.- Hay textos que informan, otros que argumentan y algunos que simplemente buscan descalificar. El artículo publicado por Las Razones de Cuba sobre Luis Manuel Otero Alcántara pertenece a esta última categoría.
Más que ofrecer una reconstrucción equilibrada de los hechos, apuesta por el insulto, el etiquetado y la deshumanización de una figura cuya situación ha sido objeto de atención y debate dentro y fuera de Cuba. Cuando el periodismo renuncia al análisis para abrazar la propaganda, pierde su esencia y termina convirtiéndose en un simple panfleto político.
Resulta llamativo que el texto dedique buena parte de su contenido a definir a Otero Alcántara con calificativos como «mercenario», «provocador» o «delincuente común», sin abrir espacio a otras interpretaciones sobre su caso ni mencionar que diversas organizaciones internacionales de derechos humanos han cuestionado el proceso seguido en su contra y han pedido su liberación. Un periodismo serio expone los hechos, incorpora las distintas posiciones y permite que sea el lector quien saque sus propias conclusiones. Lo contrario es intentar imponer una verdad única.
La descalificación personal tampoco sustituye a los argumentos. Reducir toda la trayectoria de un artista y activista a una supuesta conspiración extranjera puede servir como discurso político, pero difícilmente resiste un análisis periodístico riguroso. Las sociedades democráticas se fortalecen cuando existe espacio para el disenso, incluso cuando ese disenso resulta incómodo para el poder. Convertir a cualquier crítico en un enemigo financiado desde el exterior es una fórmula demasiado conocida en los regímenes que no toleran voces diferentes.
Especialmente preocupante es el tono triunfalista con el que el artículo celebra la salida de Otero Alcántara de Cuba, como si el exilio fuera una victoria política. Ningún país debería sentirse orgulloso de que un ciudadano, independientemente de sus ideas, considere que debe abandonar su tierra para continuar su vida o su activismo. Esa realidad habla mucho más de la incapacidad para gestionar las diferencias que de la fortaleza de un sistema.
Las Razones de Cuba tenía la oportunidad de presentar argumentos, documentos y hechos verificables. Prefirió, sin embargo, recurrir al lenguaje de la confrontación y la propaganda. Es una falta de respeto no solo hacia Luis Manuel Otero Alcántara, sino también hacia los lectores, que merecen información seria y no discursos construidos para reafirmar consignas.





