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Por Albert Fonse ()

Vancouver.- Uno de los mayores errores de una parte de la oposición cubana y del exilio ha sido subestimar constantemente a la dictadura. Se ha convertido en una costumbre recurrir al chiste fácil, a la burla y a los apodos, como si ridiculizar al adversario fuera una estrategia política. Puede servir para ganar reacciones en las redes sociales, pero no para derrotar a un régimen que lleva más de setenta años en el poder.

Primero se negaban las reuniones con El Cangrejo. Después, cuando ya eran evidentes, se pasó a decir que era una persona incapaz, incluso que tenía retraso mental y que no ejercía ninguna influencia real. Ahora aparece hablando públicamente, proyectándose como el heredero del poder y ocupando un espacio político cada vez más visible. ¿Cuál será el próximo argumento? La realidad termina imponiéndose sobre los deseos.

Yo veo a la dictadura como un enemigo inteligente, maquiavélico, poderoso y con una enorme experiencia. No porque admire sus métodos, sino porque negar la realidad solo conduce a cometer errores. Han sobrevivido a administraciones estadounidenses de distintos signos políticos, a la desaparición de la Unión Soviética, al Período Especial, a protestas masivas y a una crisis económica permanente. No siguen en el poder por casualidad.

El poder como empresa familiar

Además, ningún sistema de ese tamaño depende únicamente de una persona. Detrás existen asesores, tecnócratas, especialistas, militares, economistas y cuadros políticos que estudian cada escenario y buscan cómo garantizar la supervivencia del régimen. Administran el poder como quien intenta mantener viva una empresa familiar. Su prioridad no es el bienestar de Cuba, sino conservar el control. Si para lograrlo tienen que hacer concesiones económicas, modificar leyes o cambiar de estrategia, lo harán sin ningún problema.

Basta escuchar a los antiguos agentes de inteligencia, diplomáticos, militares y altos funcionarios que han abandonado el régimen para comprender que no estamos frente a improvisados. En la inmensa mayoría de los casos son personas con una sólida preparación, disciplinadas, metódicas y entrenadas durante años para cumplir objetivos políticos y de seguridad. ¿Acaso se vuelven inteligentes únicamente cuando abandonan el sistema? Evidentemente no. Esa capacidad ya existía mientras servían a la dictadura. El propio historial del régimen demuestra que ha sido capaz de desarrollar redes de inteligencia que durante décadas han penetrado instituciones de otros países, incluido Estados Unidos. Subestimar a un adversario con esa experiencia solo conduce a cometer errores.

Mientras algunos prefieren hacer memes y burlas, la dictadura sigue moviendo sus fichas. Ellos entienden que esto es una lucha por el poder. Nosotros también deberíamos entenderlo. La política real no se gana con sarcasmos ni con publicaciones virales. Se gana comprendiendo al adversario, anticipando sus movimientos y diseñando mejores estrategias.

Privilegios de unos, miseria de otros

Los resultados hablan por sí solos. Millones de cubanos viven en el exilio. Dentro de Cuba continúan la miseria, la represión y los presos políticos. Los dirigentes del régimen siguen controlando el Estado, conservando sus privilegios y buscando nuevas formas de garantizar su continuidad. Esos hechos deberían bastar para dejar de repetir que el adversario es un grupo de incompetentes.

Precisamente eso es lo que más le conviene a la dictadura: que sus oponentes la crean torpe, desorganizada o derrotada antes de tiempo. Un enemigo subestimado siempre tiene más espacio para sorprender. Nosotros no podemos caer en esa trampa. Hay que estudiar cómo piensan, cómo negocian, cómo infiltran, cómo sobreviven y cómo se adaptan. Solo así será posible enfrentarlos con posibilidades reales de éxito.

Hasta que ocurra un hecho que altere de manera decisiva el equilibrio de poder, cualquier escenario sigue siendo posible. Por eso hay que estar muy enfocados y darlo todo para derrotarlos. Esto no es un meme de redes sociales. Esto es la vida real. Cuba merece una estrategia basada en la inteligencia, la disciplina y el realismo, no en la arrogancia de creer que el enemigo es más débil de lo que realmente es.

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