Presos políticos como fichas de cambio

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Por Sergio Barbán Cardero ()

Miami.- Varios periódicos importantes y medios digitales han publicado extractos de la entrevista realizada en La Habana, el pasado mes de junio, al nieto de Raúl Castro: Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”.

Entre todos esos extractos hay uno que me llama poderosamente la atención, y no precisamente por su novedad, sino por el cinismo brutal que encierra: la posibilidad de liberar presos políticos bajo “las condiciones adecuadas”.

Ahí está, sin maquillaje, la verdadera naturaleza del régimen cubano.

Porque cuando un preso político puede ser liberado si aparecen “las condiciones adecuadas”, entonces no estamos hablando de justicia, ni de legalidad, ni de humanidad. Estamos hablando de chantaje. Estamos hablando de seres humanos convertidos en fichas de cambio. Estamos hablando de madres, padres, hijos y jóvenes encerrados no porque hayan cometido un crimen, sino porque sirven como mercancía política en la mesa de negociación.

Y lo más repugnante es quién lo dice.

Lo dice un heredero del poder, un hombre sin cargo formal visible, pero con apellido suficiente para hablar como si Cuba fuera una finca familiar. Un personaje criado dentro de la burbuja del privilegio, rodeado de lujos, protegido por el mismo sistema que ha condenado al pueblo cubano a la miseria, al apagón, al hambre, a la cárcel y al exilio.

Mientras…

Mientras miles de cubanos hacen colas para conseguir un pedazo de pan, mientras los hospitales se caen a pedazos, mientras una madre no tiene qué darle de comer a su hijo, este señor se permite hablar de presos políticos como quien habla de una mercancía guardada en un almacén.

Esa frase retrata mejor que cualquier discurso lo que es la dictadura cubana: un poder que no ve ciudadanos, ve rehenes; no ve derechos, ve concesiones; no ve personas, ve piezas útiles para negociar su propia supervivencia.

Durante años han negado la existencia de presos políticos. Los llaman delincuentes, mercenarios, vándalos, desestabilizadores. Pero cuando necesitan oxígeno, cuando sienten la presión, cuando buscan una salida negociada para salvarse ellos, entonces esos mismos presos aparecen sobre la mesa. Ya no son delincuentes: ahora son moneda. Ya no son invisibles: ahora sirven para comprar tiempo.

La libertad de un hombre no puede depender de una familia en el poder

Eso es lo que indigna. Indigna que una persona que vive a toda leche, por encima de la inmensa mayoría de los cubanos, tenga la desvergüenza de referirse así a quienes están privados de libertad. Indigna que hable de “condiciones adecuadas” mientras hay familias destrozadas, hijos creciendo sin sus padres, madres envejeciendo frente a una prisión y jóvenes pagando años de cárcel por haber gritado libertad.

¿Condiciones adecuadas? La única condición adecuada es que nadie esté preso por pensar distinto. La única condición adecuada es que se abran las cárceles y se reconozca el crimen cometido contra esos cubanos. La única condición adecuada es que el régimen deje de usar el dolor humano como instrumento diplomático.

Pero esto también desnuda otra verdad: en Cuba las instituciones son decorado. No habla un ministro, no habla un presidente electo, no habla un representante legítimo del pueblo. Habla el nieto. Habla el apellido. Habla la herencia del mando. Habla la finca.

Ese es el país que nos han querido vender como soberano: un país donde la libertad de un preso puede depender del cálculo de una familia en el poder.

Y todavía hay organizaciones, gobiernos, intelectuales y cómplices internacionales que defienden a esa dictadura, que le lavan la cara, que la presentan como víctima, que hablan de soberanía mientras callan ante las cárceles. ¿Qué soberanía puede tener un país donde un ciudadano no vale nada frente al capricho del poder?

La dictadura cubana no está ofreciendo un gesto humanitario. Está administrando el dolor que ella misma fabricó.

Y cuando un régimen usa a sus presos políticos como fichas de cambio, no está negociando la paz: está confesando su crimen.

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