De Birán a GAESA. Un viaje desde el latifundio de Ángel Castro en Birán al emporio de GAESA (Parte II)

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Por Enrique Collazo (Historiador)

Madrid.- La fortuna que amasó Ángel Castro, el padre del dictador cubano, tras su establecimiento en Cuba, se debió a una diversificación estratégica la cual combinaba su trabajo como contratista junto con la adquisición progresiva de tierras. Su relación con la United Fruit Company (UFC) fue a menudo tensa. Como contratista de la UFC, Ángel organizaba cuadrillas de trabajadores para talar bosques, vender la madera y plantar caña de azúcar en los terrenos despejados. En 1910, su nombre ya tenía peso en el mundo de los negocios locales al convertirse en copropietario de la mina «The Desire». No obstante, su estrategia consistió en la acumulación de tierras propias.

Ver Parte I (https://elvigiadecuba.com/mipymes-cuba-control-estatal/)

En 1914 y 1915, adquirió sus primeras 200 acres en Birán, fundando la finca Manacas. La propiedad de Birán no era simplemente una hacienda agrícola; era una unidad económica y social compleja que integraba orgánicamente las diferentes líneas de explotación y la oferta de diversos servicios y que a mediados del siglo XX contaba ya con 27 edificaciones. Su estrategia consistió en comprar pequeñas parcelas a veteranos de la Guerra de Independencia que habían recibido tierras como compensación, pero carecían del capital para explotarlas, o a propietarios que preferían retirarse a las ciudades.

Don Ángel llegó a tener 900 hectáreas en propiedad y varios miles de ellas arrendadas, en una hacienda sustentada básica, aunque no exclusivamente, en los ingresos por la venta de caña de azúcar. El historiador británico Hugh Thomas afirmó que hacia la década de 1950, Ángel Castro ya era uno de los hombres más ricos de la provincia de Oriente. Su capital acumulado al morir en 1956 se estimó en seis millones de dólares de aquel año. Esta riqueza se manifestaba en un batey autosuficiente que funcionaba casi como un Estado dentro del Estado, con los mismos servicios disponibles en cualquier ciudad, así como una estructura de mando centralizada en su figura. Cualquier semejanza con Fidel es simple coincidencia.

De Birán a GAESA. Un viaje desde el latifundio de Ángel Castro en Birán al emporio de GAESA (Parte II)
Ángel Castro a caballo y con una fusta, la misma que usaba para amedrentar a sus peones

Sin embargo, existía también una leyenda negra en torno a su figura como latifundista. Se decía que sus métodos para adquirir tierras no siempre fueron transparentes y que su trato hacia los jornaleros era sumamente duro. Las críticas se han dirigido en especial a su extrema severidad en relación con los braceros haitianos y jamaicanos que trabajaban en sus plantaciones.

Durante años, Ángel fue íntimo amigo del cónsul haitiano en Santiago de Cuba Hippolyte Hibbert y algunas fuentes señalan que esta relación le facilitó la importación de braceros haitianos, muchos de los cuales trabajaban en sus propiedades. Algunos informes de la época indican que sus prácticas laborales eran «bastante duras» y que explotaba la vulnerabilidad de estos inmigrantes, quienes vivían hacinados en barracones dentro de la finca. O sea, todo muy estamental, muy precapitalista…

Por otra parte, Ángel albergaba un profundo resentimiento hacia el capitalismo norteamericano de libre empresa y a gran escala, a pesar de haber prosperado a su sombra. El latifundista inculcó en sus hijos un rechazo hacia el lujo extravagante y el modelo americano de empresa, de gobierno y de vida, una simiente ideológica que germinaría de forma irrefrenable décadas después. Su desprecio por los «americanos» que dominaban los colosos azucareros coexistía con su amistad con figuras locales como Fidel Pino Santos, abogado quien lo ayudó a navegar entre los complejos entresijos legales de la propiedad de tierras en Cuba.

De Birán a GAESA. Un viaje desde el latifundio de Ángel Castro en Birán al emporio de GAESA (Parte II)
Recreación de los bohíos de yagua, guano y piso de tierra en los que vivían los haitianos en las tierras de Ángel Castro, casi al lado de la casona principal

La finca de Birán no era simplemente una hacienda agrícola; era una unidad económica y social independiente, compleja y excelentemente articulada, la cual a mediados del siglo XX contaba con 27 edificaciones. La arquitectura del lugar evocaba el origen gallego de Ángel. El batey incluía una amplia gama de servicios que lo hacían prácticamente independiente de los centros urbanos cercanos: una escuela pública donde estudiaban tanto los hijos del patrón como los hijos de los peones, una casa para la maestra y hasta un cine. Comercio: una tienda generalista que incluía panadería, carnicería, dulcería y lechería, donde los trabajadores a menudo gastaban sus jornales, los cuales solían combinar el pago en dinero en efectivo con la retribución en fichas o vales para consumir en la propia tienda del emporio.

Semejantes prácticas favorecían el movimiento circular del capital a favor del terrateniente, lo cual niega la clásica ecuación capitalista dinero-mercancía-dinero, típica del capital de libre concurrencia. Servicios y Comunicaciones: una oficina de correo y telégrafo con vivienda para el telegrafista, un taller de mecánica y de carretas, así como un hotel-bar llamado «La Paloma». Ocio: una valla de gallos con graderías y jaulas, donde Ángel, y más tarde su hijo Raúl, daban rienda suelta a su afición por las peleas de gallos, actividad que no solo era recreativa, sino además otra fuente de ingresos mediante las apuestas. «Ángel Castro Argiz: el origen incómodo de Fidel y Raúl Castro que pocos analizan». Iván Calas. Reportajes y Especiales sobre Cuba. 4/4/2026.

Este entorno cerrado, de economía autosuficiente y rígidamente controlada, donde los hermanos Castro crecieron y se hicieron adultos, marcó a fuego vivo la manera de ver y concebir el mundo en el que convivían diariamente con la extrema pobreza de los barracones haitianos. Tal contexto, basado en la explotación integral de braceros que no eran libres ni siquiera para vender su fuerza de trabajo al mejor postor, así como los mecanismos precapitalistas de captura de rentas, fueron el laboratorio primigenio donde se gestaron las ideas «revolucionarias» de los hermanos Castro. El contraste entre el «Don Ángel» caritativo que permitía a sus hijos jugar con los hijos de los peones y el terrateniente severo que vigilaba la productividad con la fusta en la mano y solía pagar a sus jornaleros con fichas o vales canjeables por productos o servicios en las tiendas de su propiedad impactó profundamente en la psique de Fidel y Raúl.

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