El problema es político, la solución también

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Por René Fidel González ()

Santiago de Cuba.- Es obvio que existen determinantes geopolíticas, directrices y leyes de otro Estado que han desgastado y acosado a la economía cubana hasta convertirla en una zona de muerte, pero esto no depende de nosotros.

Se puede desafiar tranquilamente a cualquier economista cubano a que refute la idea de que, en Cuba, para salir de la situación en que estamos, es preciso barrer milimétricamente con el diseño de concentración de poder, facultades discrecionales y ausencia de transparencia que define el régimen político, económico e institucional de nuestro país.

Es ese diseño, típicamente facturador de procesos, prácticas, culturas y valores de corrupción, además de antiquísimo y reactualizado prolijamente hasta hoy, el que nos ha metido en la situación en que estamos y nos mantiene en un bucle interminable de subdesarrollo.

Para los cubanos y cubanas, para su felicidad y la plenitud de sus proyectos de vida, ha pesado y pesa como un lingote puesto en el cuello para que sucumban.

A menos que se le destruya, no hay solución.

El problema en Cuba es político; también de sinceridad, aunque entendemos el porqué.

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