
Dos Cubas frente al espejo: el abismo entre el poder y el sufrimiento
Por Joel Fonte ()
La Habana.- Vivimos dos mundos, dos realidades, dos Cubas: ellos y nosotros.
Está la Cuba de Castro, de la cúpula del poder que lo sostiene, y de toda esa estructura parasitaria y corrupta tejida por familiares, amigos, asociados y cómplices. Una red que se alimenta del Estado y lo expolia sin pudor.
Es la Cuba de las mansiones en Miramar y Siboney, de la clínica de Kholin y el CIMEQ, de los viajes frecuentes al exterior, de las becas para los hijos pagadas con dólares arrancados al pueblo. Es la Cuba de los mausoleos y sepulturas engalanadas con pompa y privilegios que la nueva clase dirigente se ha concedido a sí misma.
Es también la Cuba de los «dirigentes» sostenidos por la represión y la mentira codificada, una mentira legitimada en una prensa mercenaria que calla o aplaude según el guion infame que recibe, sin dignidad ni verdad.
Pero existe otra Cuba. Nuestra Cuba.

La que sufre asfixiada por interminables horas sin electricidad, sin alimentos, sin agua, sin medicamentos, sin transporte, sin viviendas. La Cuba del barrio de La Corbata, en La Lisa; la de los pasajes de hambre, drogas y prostitución en La Habana Vieja; la de la indigencia en Centro Habana; la de los ancianos agotados y sin esperanza frente a un cajero automático vacío en Cienfuegos o Santiago.
Es la Cuba de miles de toneladas de basura acumuladas en aceras y calles, donde los niños se revuelcan entre los desechos buscando algo que vender después, o mendigan en los parques para ayudar en casa, o simplemente para conseguir un mendrugo de pan que engañe al estómago vacío.
Es la Cuba sin aliento. La del éxodo de sus jóvenes y de sus viejos exhaustos, sentados en las aceras, mirando pasar los días sin que nada cambie.
Una Cuba que mira al futuro con dolor y escepticismo, y cuya casi única esperanza sigue depositada en la caída definitiva de la dictadura castrista.





