El matrimonio político entre Cuba y Venezuela es historia

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Por Yeison Derulo

La Habana.- Hubo un tiempo en que cualquier desgracia ocurrida en Venezuela terminaba acompañada de un comunicado inmediato desde La Habana. Bastaba una inundación, un apagón o una tormenta para que los medios oficiales cubanos hablaran de la “hermana República Bolivariana” y de los profundos lazos de amistad entre ambos gobiernos.

Sin embargo, tras los devastadores terremotos que sacudieron territorio venezolano, llamó la atención que Delcy Rodríguez agradeciera públicamente la ayuda ofrecida por diversos países y mencionara, en primer lugar, a Donald Trump, mientras Cuba brillaba por su ausencia en el discurso.

Más allá de los protocolos diplomáticos, los gestos importan. Y en política, las omisiones suelen decir tanto como las palabras. Resulta difícil imaginar hace diez o quince años a un alto dirigente venezolano agradeciendo asistencia internacional sin colocar a Cuba en primera fila. Durante décadas, la narrativa oficial presentó la relación entre Caracas y La Habana como una alianza indestructible, casi familiar. Hoy la fotografía parece distinta.

Lo más llamativo no fue solamente el agradecimiento a países que históricamente estuvieron lejos del eje bolivariano. Lo verdaderamente revelador fue que Delcy Rodríguez concentrara su mensaje en la emergencia, los damnificados y la ayuda concreta que está llegando al país. Incluso anunció la disposición de hoteles para albergar afectados. Mientras tanto, la vieja retórica de la solidaridad revolucionaria brilló por su ausencia. Los tiempos cambian, y las prioridades también.

Quizás la explicación sea mucho más sencilla de lo que algunos imaginan. Venezuela atraviesa una tragedia que exige recursos, equipos de rescate, financiamiento y capacidad logística. En ese escenario, Cuba vive inmersa en su propia crisis económica, energética y social. La isla apenas logra sostener sus servicios básicos, enfrenta apagones diarios y una escasez crónica de recursos. Resulta complicado ejercer el papel de aliado salvador cuando ni siquiera se pueden resolver los problemas domésticos.

Lo cierto es que la relación que durante años se presentó como un matrimonio político ejemplar ya no transmite la misma fortaleza. Tal vez continúen existiendo acuerdos, intereses y canales de comunicación entre ambos gobiernos. Pero la imagen de una alianza inseparable parece cada vez más desgastada, a tal punto que aún el régimen cubano no emite ni una declaración de prensa.

Cuando ocurre una tragedia de esta magnitud y los agradecimientos viajan hacia otras capitales mientras La Habana desaparece del radar, queda la sensación de que entre Cuba y Venezuela ya no sobrevive aquella amistad que tanto se proclamó. Lo que queda, al menos de cara a la opinión pública, se parece más a una relación sostenida por la costumbre que por el entusiasmo de otros tiempos.

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