
El uniforme y el abismo: juventud truncada
Por Yanetsy Pino ()
Atlanta.- He visto pasar en estos días posts y fotos de las graduaciones de preuniversitario en Cuba.
Rostros frescos, diplomas y esa chispa en los ojos que solo tienen los 16 o 17 años, cuando el mundo parece una página en blanco esperando por nosotros. Algunos fueron los compañeros de mi hijo menor, muchachos que comenzaron con él en Secundaria y hoy sueñan con la universidad o con ganarse la vida con sus propias manos.
Pero en Cuba, la madurez de los varones no llega con un título de bachiller ni con la independencia económica, sino con un uniforme impuesto.
Mientras las muchachas pueden seguir el hilo de sus ilusiones posgraduadas, para ellos el horizonte se vuelve un verde olivo asfixiante.
El Servicio Militar Obligatorio. Y este NO es un deber, como le aseguran a todo el mundo, sino un paréntesis de sombras que les roba a esos jóvenes la belleza inusual que dan las ilusiones. Un paréntesis infernal donde la juventud se va cercenando entre el maltrato físico y verbal, el abuso constante y condiciones de vida que rozan lo inhumano.
Lo que debería ser una etapa de crecimiento se convierte en un calvario de guardias interminables y trabajos deshumanizantes, una especie de esclavitud moderna que intenta doblegar el espíritu antes de que este aprenda a volar. Les mutilan los sueños antes de que logren caminar hacia ellos.
Me detengo a mirar esas fotos de graduación y se me aprieta el pecho. Me pregunto, con el dolor de madre y la rabia de quien conoce la verdad: ¿Cómo se puede llamar a un gobierno que, en lugar de abonar el futuro de sus jóvenes, se dedica a pisotearles el alma, a ser caldo de cultivo para sus suicidios o su muerte?
¿Qué nombre tiene el sistema que necesita quebrar a su juventud para poder sostenerse?






