Desarticulada red de narcotráfico vinculada a asociación procastrista de Cuba en España

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¡Esto es el colmo! Mientras el pueblo cubano se ahoga en la miseria y la falta de lo más básico, resulta que una asociación que se las da de defensora de la causa castrista en España se convierte en un auténtico búnker de drogas y medicinas robadas. ¡Menudos patriotas de pacotilla! La Guardia Civil y la Policía Nacional han dado un golpe en la mesa en Galicia, desmantelando una red criminal que operaba desde la sede de la Asociación Cubano-Gallega Haydée Santamaría en Vilaboa, Pontevedra. ¿Ayuda humanitaria? ¡Ja! Lo que había allí era un auténtico almacén para el mercado negro.

Un arsenal de vicio y muerte

Nueve personas detenidas, tres de ellas directas a la cárcel, incluyendo a la mismísima presidenta de la asociación, una cubana que se las daba de líder social. Lo que encontraron los agentes es para echarse a temblar: 2.000 blísteres de más de 150 tipos de fármacos, psicotrópicos, antidepresivos, benzodiacepinas como Rivotril, Lexatin y Lyrica. ¡Medicamentos que salvan vidas en Cuba, pero que aquí se vendían como churros en el inframundo! Y por si fuera poco, cinco kilos de cocaína de alta pureza, hachís, tabaco de contrabando, seis escopetas, armas de fuego con munición y más de 30.000 euros en efectivo escondidos como si fueran tesoros piratas. ¿Esto es lo que defienden? ¿El tráfico de muerte y desesperación?

La coartada de la escasez: ¿ayuda o negocio?

Los secuaces de esta banda, con la cara más dura que el hormigón, intentaron justificar el botín diciendo que eran donaciones para Cuba. ¡Qué desfachatez! Los investigadores de la Guardia Civil, que de tontos no tienen un pelo, saben perfectamente que el destino de esa mercancía era el lucro criminal. Vendían las benzodiacepinas a yonquis de la península, por internet y a domicilio, y quién sabe si también exportaban al extranjero. ¡Negocio redondo a costa de la salud y la vida de la gente!

La cúpula de la podredumbre

La organización funcionaba con dos células, una red familiar y delictiva que tenía como cabecillas a la presidenta y a otro líder del grupo. ¡Hasta el hijo de la presidenta está entre rejas por delitos anteriores! La que se las daba de defensora de la revolución, Jamari Llanes Valdés, natural de Morón, es la que estaba al frente de este tinglado. La asociación, que nació en 2014 con la fachada de promover la integración y la cultura caribeña, y de luchar contra el embargo yanqui, terminó siendo un nido de delincuentes. Sus perfiles en redes sociales, llenos de propaganda procastrista y defensa a ultranza del dictador Miguel Díaz-Canel, ahora huelen a podrido.

Los implicados están bajo custodia, esperando que la fiscalía les ponga los cargos formales. Pero la pregunta que queda flotando en el aire es: ¿hasta cuándo vamos a seguir viendo cómo se aprovechan de la bandera cubana para delinquir? ¿Hasta cuándo la dictadura va a seguir permitiendo que sus seguidores monten negocios ilegales en el extranjero mientras su pueblo sufre? Esto no es solo un caso de narcotráfico, es la radiografía de un sistema que corrompe y que se nutre de la desesperación. ¡Basta ya de hipocresía y de delincuencia disfrazada de patriotismo!

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