
El espejismo nórdico: por qué Dinamarca no es socialista (y Cuba tampoco debería serlo)
Por Albert Fonse ()
Vancouver.- Cada vez que alguien menciona a Dinamarca, Suecia o Noruega, aparece el mismo argumento: «Eso demuestra que el socialismo funciona». Sin embargo, la realidad es muy distinta. Los países nórdicos no construyeron su prosperidad mediante la planificación centralizada de la economía, la abolición de la propiedad privada o el control estatal de los medios de producción. Todo lo contrario: su riqueza fue creada por generaciones de emprendedores, comerciantes, industriales e innovadores que operaron dentro de economías de mercado abiertas y altamente productivas.
Dinamarca es un excelente ejemplo. La mayor parte de su economía está en manos privadas. Empresas como Maersk, Novo Nordisk y Lego compiten globalmente en mercados capitalistas. El gobierno no decide qué producir, cuánto producir ni a qué precio vender. Son las empresas, los consumidores y la competencia quienes determinan esas decisiones.
Lo que distingue a Dinamarca no es el socialismo, sino un amplio sistema de bienestar financiado por una economía altamente productiva. Primero se genera riqueza y después se redistribuye parte de ella mediante impuestos para financiar servicios públicos. El orden de los factores importa: sin riqueza que gravar, no existiría el estado de bienestar.
La ubicación geográfica y reformas de mercado
De hecho, cuando los países nórdicos experimentaron con una mayor intervención estatal durante las décadas de 1970 y 1980, comenzaron a sufrir problemas de crecimiento, pérdida de competitividad y aumento del gasto público. Como respuesta, impulsaron numerosas reformas orientadas al mercado: privatizaciones, apertura comercial, flexibilización laboral y fortalecimiento de la competencia.
Muchas de esas reformas fueron precisamente las que permitieron mantener su prosperidad. También existe un factor geográfico y migratorio que rara vez se menciona. Dinamarca, Noruega y Suecia se encuentran en el extremo norte de Europa, lejos de las principales rutas migratorias que durante décadas han afectado con mayor intensidad a países mediterráneos como España, Italia y Francia.
Su ubicación les permitió durante mucho tiempo ejercer un mayor control sobre los flujos migratorios y reducir ciertas presiones sociales y fiscales que enfrentan otras naciones europeas más expuestas. Algo parecido ocurre con Canadá y Estados Unidos, que gracias a su posición geográfica han tenido históricamente una situación diferente a la de muchas naciones europeas fronterizas con regiones inestables.
Primero producción y libre mercado
La diferencia fundamental entre los países nórdicos y los sistemas socialistas es que en Dinamarca una persona puede abrir una empresa, invertir, contratar trabajadores, competir y acumular riqueza legalmente. En los modelos socialistas clásicos, el Estado controla gran parte de la actividad económica y limita o elimina la iniciativa privada.
Los resultados históricos de ambos modelos han sido radicalmente distintos. También existe una diferencia cultural importante: los países nórdicos poseen instituciones sólidas, bajos niveles de corrupción, seguridad jurídica y una profunda confianza en el cumplimiento de las leyes. Estas características han sido fundamentales para su éxito económico y social.
Por eso, cuando alguien afirma que Dinamarca es socialista, está confundiendo un estado de bienestar con el socialismo. Dinamarca es, en realidad, una economía capitalista con altos impuestos y amplios programas sociales. Su riqueza no fue creada por el Estado, sino por millones de personas trabajando, invirtiendo, innovando y emprendiendo dentro de un sistema de libre mercado.
Por eso, una Cuba libre debe enfocarse primero en crear riqueza, no en repartirla. Propiedad privada, libertad económica, bajos impuestos, facilidad para emprender y comerciar, y seguridad jurídica deben ser las prioridades.
Ninguno de los países nórdicos se hizo rico gracias al socialismo, sino gracias al capitalismo y al libre mercado. En el caso de Cuba, la manera más rápida de garantizar la estabilidad y la seguridad jurídica necesarias para atraer grandes inversiones sería mediante un Pacto de Libre Asociación con Estados Unidos. Primero hay que generar prosperidad; después se podrá decidir cuánto gastar y en qué gastar.






