Florentino se quita la careta: entre la ilusión, la herencia y el enemigo en casa

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Por Yoyo Malagón ()

Madrid.- Señores, señoras, señoros y demás criaturas del madridismo terrenal: agárrense los machos —y las hembras, que aquí no discriminamos ni en los sustos— porque don Florentino Pérez ha vuelto a sacar la artillería verbal justo cuando el calendario aprieta y las urnas asoman.

A seis días de unas elecciones que huelen más a ajuste de cuentas que a debate de proyectos, el presidente-candidato se ha sentado con El Español y ha desenfundado sin seguro. ¿El blanco? Enrique Riquelme, ese nombre que hasta hace un mes nos sonaba a apellido de futbolista argentino y ahora resulta que quiere las llaves del Bernabéu.

Y ojo, que Florentino no está preocupado: está indignado. “No me creo nada de Riquelme”, ha soltado con esa mezcla de cansancio y soberbia que solo puede permitirse quien lleva 23 años esquivando puñales hasta de su propia sombra.

Lo primero, como siempre, es calmar a la parroquia. Porque si algo sabe el ingeniero es que el madridista quiere nombres, quiere cracks, quiere carne fresca para la próxima Champions. Y él, que controla los tiempos como un relojero suizo, ha prometido anunciar el jueves el primer gran fichaje.

“Tranquilos, la gente me conoce”, ha dicho con una media sonrisa que ya hemos visto antes de que aterrizaran Figo, Zidane, Cristiano o Mbappé. Pero esta vez, en plena campaña electoral, el anuncio no es solo ilusión: es munición. Munición contra un rival al que acusa de jugar sucio, de llamar a agentes y jugadores para pedirles que “no digan que no”, como si esto fuera un mercadillo persa y no el club más valioso del mundo. Lo de Rodri, por cierto, lo despacha con un “lógicamente no lo tiene cerrado” que suena más a sentencia judicial que a opinión de candidato.

Florentino lanza mandobles

Y entonces llega el momento florentiniano por excelencia: la mirada al pasado para explicar el presente. Porque cuando don Florentino habla de “la etapa siniestra”, uno ya sabe que va a nombrar a Calderón, a Tebas, a la Federación y a todo aquel que un día osó plantarle cara. Los ha juntado a todos en un mismo saco, como quien prepara una piñata electoral, y ha advertido que “los malos” quieren volver para quedarse con el club y hacer negocio.

“Todo lo que dice Riquelme es como el programa Todo es mentira”, ha lanzado con esa puntería dialéctica que tanto nos gusta aplaudir en el palco. Y por si quedaba alguna duda, ha sacado el dato que hará pupa: “Tiene que pedir un crédito al 54% de interés para su empresa”. Traducción: ¿cómo va a salvar al Real Madrid quien no puede salvarse ni a sí mismo?

Pero el plato fuerte no eran los fichajes ni las puñaladas dialécticas. El plato fuerte es el modelo de propiedad. Ahí Florentino se ha puesto trascendente, casi visionario. Quiere que los socios pasen del “romanticismo” a lo “tangible y real”, que el patrimonio del club —esos 10.000 millones que dice Forbes y que a él le parecen pocos— sea de verdad de quienes aman estos colores. Y ha contado, con ese punto justo de épica, cómo logró frenar las enmiendas de Tebas y su lobby Acento a la Ley del Deporte.

“Si no me hubiera enterado, LaLiga habría logrado su objetivo”, ha confesado, dejando claro que en esta película él es el héroe que siempre llega a tiempo. La deuda, esa palabra que Riquelme blande como un garrote, la ha despachado con un dato matador: “El crédito del estadio tiene un interés inferior al 3% y se paga solo con los conciertos”. Punto. Siguiente pregunta.

Su Florentineza le dio con todo

Porque sí, los conciertos volverán. Y el Papa también quiere venir, que lo ha soltado así, como quien dice que va a pedir una pizza. El Bernabéu, ese monstruo de acero y dólares, es su criatura más mimada. “Quien se meta con el Estadio falta el respeto al Real Madrid, no a mí”, ha sentenciado con la gravedad de quien defiende un templo.

Y luego, como quien cambia de tercio, se ha puesto a hablar del futuro: el proyecto Bernabéu infinito, esas gafas de Apple que te permitirán ver un partido como si estuvieras en el césped aunque vivas en Singapur. Riquelme criticó que son caras, y Florentino, condescendiente, le ha respondido como se le habla a un niño pequeño: “Que no se preocupe, ya bajarán de precio”.

Y así, entre la tecnología, la herencia y el enemigo en casa, ha terminado don Florentino su entrevista. A cuatro días de las elecciones, con un anuncio de fichaje guardado en la manga y un discurso que mezcla ilusión y advertencia a partes iguales. Porque aquí no se vota solo un presidente: se vota una idea de club, una trinchera frente a los “malos” de siempre y, sobre todo, un legado.

El domingo sabremos si los socios compran otra vez el relato del ingeniero o si, por primera vez en 23 años, deciden cambiar de libro. Mientras tanto, que Riquelme rece. Y que Florentino no se crea nada. Como debe ser.

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