
Los mercenarios de la palabra: el oficio más vil del régimen cubano
Por Miryorly García ()
La Habana.- Los peores soldados que tiene este país, los más desvergonzados y viles, son los periodistas y comunicadores oficialistas.
En medio de la dura realidad que vivimos, cuando mi madre anciana pone el radio o la televisión —como acostumbran para entretenerse a esa edad, en las pocas horas en que hay electricidad y yo ando como loca tratando de garantizar que haya comida para todo el día—, me duelen como si me enterraran cuchillos escuchar cuánta gente forma parte, como si nada, por puro oficio, de sostener la mentira en que vivimos.
Qué triste que ese sea tu trabajo día a día. «Raúl es Raúl», repiten los papagayos. Y la mentira es mentira, y debería dar asco que tu trabajo sea repetirla hasta el cansancio, contribuyendo con los enemigos de todo un pueblo secuestrado y exhausto.
Todo trabajo lleva implícito una responsabilidad ante la sociedad. Reafirman la mentira y, por supuesto, se mantienen ciegos, sordos y mudos a los mil dramas que atraviesa el cubano: el costo de la separación familiar en medio de una crisis humanitaria, la inseguridad en que viven los ancianos solos, las víctimas del presidio político y del servicio militar, los niños enfermos que son desahuciados por la salud pública cubana.
Es inmoral lo que hacen.
Los médicos al menos salvan vidas en condiciones casi de guerra para trabajar. Es muy difícil salir de la ratonera una vez entraste. Para los que llevan uniformes verdes, azules, incluso batas blancas, lo es mucho más. Pero los periodistas… ellos simplemente han normalizado sus condiciones de trabajo. Ellos saben que es mentira, y la gente con dos dedos de frente también.
Debe ser eso. Que se sienten disculpados porque la gente entenderá que es mentira y que no tienen que creerles. Solo permitirles que ese sea su oficio y ya.
Pero aquí está esta comemierda que no soporta vivir rodeada de mentiras, perdiendo dos minutos de electricidad para escribir cuánto me duele, cuánto me avergüenza y cuánto me gustaría que no fuera así. Que no tuvieran quien hablara tantas sandeces por la radio y la televisión, más cuando la guerra se ha vuelto psicológica y nos está haciendo tanto daño.






