Empeora salud de Nadir Martín Perdomo en la prisión

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Por Yeison Derulo

San José de las Lajas.- Los presos políticos en Cuba no pueden convertirse en una cifra más dentro de los informes de organizaciones internacionales ni en un simple titular que desaparece al día siguiente. Detrás de cada nombre hay una familia destruida, una madre desesperada, unos hijos creciendo sin abrazos y una esposa que se niega a callar.

Ese es el caso de Nadir Martín Perdomo, un preso político cubano cuya situación ha sido denunciada nuevamente por su esposa, Greisy Oliva Rodríguez, quien responsabiliza directamente a la Seguridad del Estado por el deterioro físico y emocional que sufre su marido dentro de prisión.

Según la denuncia de Greisy, Nadir lleva más de una década padeciendo graves enfermedades gastrointestinales, entre ellas síndrome de malabsorción de alimentos, Helicobacter pylori, reflujo gástrico, hernia hiatal y gastritis crónica. Sin embargo, lejos de recibir atención médica adecuada, las condiciones carcelarias han agravado todos sus padecimientos. La falta de higiene, la mala alimentación y la ausencia de medicamentos han convertido la prisión en una condena todavía más cruel para un hombre enfermo que, además, es inocente.

La esposa de Nadir asegura que ni siquiera tiene acceso a agua potable dentro del penal. Para cepillarse los dientes debe utilizar agua en malas condiciones, algo que evidencia el nivel de abandono y deshumanización existente en las cárceles cubanas.

Durante cinco años de encierro, Greisy ha presentado dos solicitudes de Licencia Extrapenal, respaldadas, incluso, por comisiones médicas que reconocen el delicado estado de salud de Nadir y la necesidad urgente de atención especializada. Aun así, el régimen se ha negado a concederle el beneficio.

Como si el sufrimiento físico no fuera suficiente, el desgaste psicológico también ha dejado secuelas visibles. De acuerdo con la denuncia, Nadir desarrolló alopecia en la cara producto del estrés, la angustia y las constantes violaciones sufridas en prisión.

La situación refleja el drama que viven decenas de presos políticos cubanos, sometidos a condiciones infrahumanas mientras las autoridades continúan ignorando los reclamos de sus familiares y organizaciones defensoras de derechos humanos.

Greisy Oliva Rodríguez lanzó una pregunta que hoy retumba con fuerza dentro y fuera de Cuba: “¿Hasta cuándo tanta crueldad?”. Y es imposible no detenerse en esa frase. Mientras el poder continúa hablando de resistencia y soberanía, hay familias enteras sobreviviendo al dolor, al miedo y a la impotencia.

Los presos políticos cubanos no pueden ser olvidados. Recordarlos, denunciar sus casos y exigir justicia sigue siendo una obligación moral frente a una dictadura que intenta convertir el sufrimiento humano en rutina.

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