
El pacto silencioso: Mou, el Madrid y un contrato que huele a gloria (o a despacho)
Por Yoyo Malagón ()
Madrid.- Pues miren, ustedes perdonen que me ponga la medallita, pero esto ya está más visto que un gol de Cristiano en la undécima. El futuro de Mourinho en el Real Madrid, queridos míos, no es que esté encarrilado, es que ya ha llegado a la estación y solo falta que piten los altavoces.
El acuerdo verbal entre el de Setúbal y su fiel escudero, el gran Jorge Mendes, es de esos que se hacen con la mano en el pecho y una mirada cómplice: años de contrato, sueldo, primas y hasta el color de las cortinas del despacho de Valdebebas.
Solo falta la firma, sí, pero esa firma, amigos, es más cuestión de trámite que de fe. Porque Mou, que no es tonto, ya le dijo a Rui Costa el lunes pasado, en esa reunión que ni fue secreta ni fue casual: «Gracias, presidente, pero yo me voy a la casa blanca». Así, sin aspavientos, pero con la firmeza de quien sabe que tiene un tren y no quiere perderlo.
Y ojo, que no nos engañemos con el cuento de que todavía no hay nada en negro sobre blanco. Es verdad, falta el papel mojado, pero eso es como decir que un embarazo no es real hasta la ecografía. Mourinho aún tiene un año más con las Águilas, y eso, atención, es su colchón, su red, su «por si las moscas» de lujo. Porque si por algún improbable, casi de chiste, como que aparezca un tal Enrique Riquelme y se presente a las elecciones y las gane (que ya me dirán ustedes, con Florentino y su maquinaria, eso es como ganarle la lotería a Hacienda), pues Mourinho no se queda en la calle. Pero vamos, que eso es más falso que un billete de tres euros. Mou tiene las espaldas cubiertas, pero el corazón, y sobre todo el bolsillo, ya están en Chamartín.
Mou y sus condiciones
Los plazos, y aquí viene lo bueno, están más claros que el agua de la Sierra. Porque esto no es un culebrón de verano, es un reloj suizo con sello portugués y junta directiva. El domingo 24, Florentino será proclamado presidente, otra vez, y ese mismo día, o a más tardar el lunes, el anuncio caerá como una bomba de humo pero de las buenas.
¿Y por qué esa fecha? Pues porque el día 26 expira la cláusula que permite a Mourinho salir del Benfica con una multa de risa, casi simbólica. Así que imagínense: el lunes, Florentino en el trono, y el martes, Mourinho con el contrato bajo el brazo. Eso sí, aunque la junta actual podría ficharle ya mismo porque los estatutos lo permiten, no sería elegante, ¿no? Sería como poner la mesa antes de que llegue el invitado de honor. Mejor esperar, que Mou no se impacienta, que para eso tiene casa en Londres y una tele para ver el culebrón desde el sofá.
El contrato, hablando de números, será de dos temporadas, pero con una trampilla muy jugosa: una automática más si el Madrid gana la Liga. O sea, que Mou no solo va a entrenar, va a firmar un reto con premio incluido. Dos años más uno, que en el fondo es la manera elegante de decir: «si me sales campeón, te quedas un año más de propina».
Y mientras tanto, el portugués, que no ha llamado aún a sus ayudantes pero que cuenta con ellos como quien cuenta con sus piernas, espera en Lisboa hasta el jueves, luego se va a Londres a ver a la familia y respirar, y a finales de la semana que viene o principios de la siguiente, si todo va bien, se planta en Madrid a estampar la rúbrica. Y atención, porque a primeros de junio, ya estará con plenos poderes, con su libreta y su genio, diseñando el nuevo proyecto. Así que ya saben, abróchense los cinturones, que Mou vuelve a Chamartín, y esto, para bien o para mal, no va a ser aburrido. Y si no, al tiempo.






