Medio Estados Unidos habla indígena sin saberlo

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Por Rafa Junco ()

Madrid.- Poderoso dato: la mitad de los estados de Estados Unidos llevan nombres que no salieron de una oficina de Washington ni de una mente pensante europea. Salieron de lenguas indígenas. Gente que llevaba siglos llamando a los ríos, las montañas y los valles con palabras que hoy millones de gabachos sueltan sin tener ni idea de lo que significan.

Alabama. Alaska. Arizona. Connecticut. Hawái. Illinois. Iowa. Kansas. Kentucky. Massachusetts. Michigan. Minnesota. Mississippi. Missouri. Una lista que parece un trabalenguas y que es, ni más ni menos, un mapa de la memoria originaria. Porque Alabama viene del pueblo Alibamu y significa algo así como «limpiadores de maleza». Alaska, de los aleutianos, es «la gran tierra». Arizona, de los o’odham, es un «pequeño manantial». Y Connecticut, en algonquino, es un «largo río de marea». Nada de presidentes ni de reyes. Todo de tierra.

Las lenguas que persisten

Luego tienes a Hawái, que no necesita traducción porque ya es un nombre propio en hawaiano, vinculado a la patria ancestral. Illinois, que son los Illiniwek: «los hombres». Kansas, que es la gente del viento del sur. Kentucky, con origen discutido pero siempre apuntando a praderas abiertas. Massachusetts, la «gran colina». Michigan, el «gran lago». Minnesota, «agua turbia» o «agua blanquecina». Mississippi, el «gran río». Y Misuri, que viene del pueblo del mismo nombre y tiene que ver con canoas hechas de troncos excavados.

Ahora, piensa: cada vez que un estadounidense pisa uno de estos estados, está pronunciando una palabra que un indígena usó hace siglos. Y no se da cuenta. La cuestión es que esos nombres no son etiquetas geográficas pegadas con cola moderna. Son restos vivos de culturas que estaban allí mucho antes de que llegaran los mapuchos de la corona británica y los colonos con sombrero de vaquero.

Así que ya sabes: el mapa de Estados Unidos no solo cuenta la historia de una nación que se creyó el ombligo del mundo. También guarda, en cada esquina y en cada letrero, la huella profunda de los pueblos que nombraron primero la tierra. Media América habla sin saberlo en cheroqui, en dakota, en o’odham o en algonquino. Y eso, para un país que ha hecho todo lo posible por borrar a sus indígenas, tiene tela. Mucha tela.

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