Sesenta años odiando a la CIA para acabar recibiéndola con honores

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Por Jorge Sotero

La Habana.- Durante décadas, la dictadura cubana construyó buena parte de su relato político sobre un enemigo casi mitológico: la Agencia Centra de Inteligencia (CIA). Si faltaba azúcar, era culpa de la CIA. Si alguien protesta, es pagado por la CIA. Si llovía poco en agosto, probablemente también. La agencia estadounidense era el villano favorito de un régimen que convirtió la paranoia en política de Estado y el antiamericanismo en religión oficial.

Por eso resulta casi poético ver ahora al máximo jefe de la misma CIA aterrizando en La Habana y siendo recibido como cualquier alto visitante diplomático. Nada de barricadas ideológicas, nada de discursos inflamados sobre el imperialismo decadente. Al contrario: salón climatizado, apretones de manos, sonrisitas diplomáticas y, quién sabe, quizás hasta un “bienvenido a Cuba” con bandejita de café incluido.

Qué lejos quedaron aquellos años donde Fidel hablaba de cientos de intentos de asesinato organizados desde Langley y presentaba a la CIA como una especie de monstruo omnipresente obsesionado con eliminar la revolución. ¿O dónde quedó la hombría chancletera de la dictadura por la muerte de 32 cubanos en Caracas, un hecho dirigido por la CIA? ¿Ya se les olvidó esa pataleta?

Al final, después de décadas vendiendo la película del enemigo eterno, terminan sentados en la misma mesa con el supuesto demonio. La historia tiene un humor bastante cruel.

Lo más simpático de todo es la elasticidad ideológica del castrismo. Para el cubano de a pie no hay margen: o eres revolucionario o enemigo. Pero para la cúpula sí existe una categoría especial llamada conveniencia. Ahí cabe cualquiera: empresarios extranjeros, viejos adversarios políticos y, aparentemente, hasta el director de la CIA. Si hace falta oxígeno político o económico, las convicciones se vuelven sorprendentemente flexibles.

La escena tiene algo de tragicomedia tropical. Después de 60 años de propaganda feroz contra la inteligencia estadounidense, ahora el gran rival entra por la puerta principal y sale probablemente con fotos, reuniones de alto nivel y tal vez un habano de recuerdo.

Al final, parece que el imperialismo no era tan malo cuando llega con capacidad de negociación y la isla está al borde del colapso. En política, como en Cuba, todo cambia… excepto el cinismo.

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