Comparte esta noticia

Por René Fidel González ()

Santiago de Cuba.- Se inventaron la posibilidad del cambio como fraude, por miedo a cambiar. Se inventaron la existencia de un daño antropológico, también por miedo a cambiar y se inventaron la policrisis por miedo a reconocer lo que ya no puede cambiar sin dejar de ser.

Estamos tan acostumbrados a no cambiar que, como sociedad y como individuos, le tenemos horror al cambio.

El bucle del subdesarrollo político en que hemos vivido durante tanto tiempo nos volvió inadaptados al cambio.

Todo cambió a nuestro alrededor; nosotros también. Pero en nuestro ADN de gobernados impotentes —ajeno, irascible y refractario— hemos sido extraños a la plenitud y a cualquier forma de autenticidad política que no sea la de lo mezquino y lo mediocre.

Lo que nos parece cambio es siempre el enemigo.

Félix Benjamín Caignet Salomón solía describir y descifrar la envidia en Cuba como “admiración con rabia”.

¿Cómo fue que terminamos admirando justamente así a quienes debíamos seguir? ¿A quienes entendían y hacían reales los cambios? ¿A quienes primero cambiaban ellos mismos para luego intentar cambiar algo?

Lo que adversan no son personas ni propuestas. No importa que hoy sea una mujer o mañana una idea, una interpretación distinta.

Lo que temen es el cambio; lo que temen es el futuro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy