
Los Mets no ganan ni en casa
Por Robert Prat ()
Miami.- Lo que debía ser un respiro se convirtió en una condena. Los Mets, con el segundo roster más caro de las Grandes Ligas, recibieron en Citi Field a tres equipos de récord negativo. Nueve juegos en casa, una oportunidad de oro para levantarse de un inicio espantoso. Terminaron con marca de 3-6. Y el jueves, ante los Nationals, cayeron 5-4. Ya son 17 derrotas en sus últimos 20 juegos. Comenzarán mayo con el peor récord del béisbol: 10-21.
«Obviamente, no es suficiente», dijo Carlos Mendoza, el manager, con la voz gastada por la impotencia. «No es ningún secreto. Esto no nos va a servir. Tenemos que empezar a ganar series. Punto.» Pero las palabras, en este clubhouse, ya pesan menos que una bola de foul.
Nueva York estaba a seis outs de ganar la serie. Subió Luke Weaver al montículo en la octava entrada, ventaja de una carrera. Lanzó un cambio de velocidad. CJ Abrams lo convirtió en un jonrón de dos carreras. El juego se quebró como un espejo mal puesto. Luego, Ronny Mauricio se ponchó con un corredor en segunda. El público, escaso para un jueves por la tarde, no perdonó: abucheos. «La libertad con la que jugamos día a día se está viendo limitada», confesó Weaver. Y la libertad, en el béisbol, es lo primero que muere cuando el miedo se sienta en la banca.
Ahora tocan los Angeles, que llevan seis derrotas al hilo
Hubo un destello, eso sí. En la tercera entrada, MJ Melendez, bateando tercero detrás de Juan Soto, conectó un jonrón de tres carreras que empató el juego. Tres entradas más tarde, hizo un toque de sacrificio para que Soto avanzara. Soto anotó con un doble de Vientos. Ventaja. Meléndez, desde su ascenso el 15 de abril, tiene un OPS de 1.061. Es el segundo mejor bateador del equipo. Pero Mendoza, en la octava, lo sacó. Lo cambió por Austin Slater, diestro, porque enfrente venía un zurdo. Slater bateó un rodado. Nada más.
«Queríamos arriesgarnos con un diestro», explicó Mendoza. El único daño fue el récord. Los Mets terminaron abril barridos por los Rockies y perdiendo dos de tres contra los Nationals. Ahora volarán a Anaheim, donde los Angels han perdido seis seguidos. Será el consuelo de dos equipos heridos. «Es difícil para todos», dijo Mendoza. «No es fácil. Pero tenemos que seguir adelante. No hay otra opción.» Y en esa frase, dicha con la boca seca, cabe todo el dolor de un equipo que ya ni su casa quiere protegerlo.






