
Soy independentista, pero también soy pragmático
Por Albert Fonse ()
Vancouver.- He defendido la idea de un protectorado o anexión no porque haya abandonado la idea de una Cuba soberana, sino porque reconozco que la presidencia de Trump representa una oportunidad política excepcional que difícilmente vuelva a repetirse. Si existe una administración estadounidense con la voluntad, la visión estratégica y el carácter para considerar una transformación radical de Cuba bajo tutela o integración estrecha con Estados Unidos, es en esta.
Por eso he promovido esa idea con fuerza. Porque si hay una ventana histórica para intentar algo distinto, es ahora. Pero también tengo claro que si la administración Trump, aun conociendo que una parte significativa de los cubanos apoyaría una fórmula de protectorado o integración, decide no avanzar en esa dirección, entonces no tendría sentido convertir el anexionismo en una bandera permanente ni fundar un partido político alrededor de una posibilidad que ya no tendría viabilidad real.
En ese escenario, mi camino sería otro: construir un partido basado en mis convicciones políticas, ideológicas y religiosas, no en una coyuntura excepcional.
Ese partido defendería una visión de derecha liberal, Estado pequeño, libre mercado, propiedad privada fuerte, bajos impuestos y una alianza estratégica profunda con Estados Unidos.
Una de sus primeras propuestas sería negociar un tratado integral con Estados Unidos en defensa y comercio.
Sin ejército y con comercio prioritario con EEUU
En defensa, propondría eliminar el ejército cubano y acabar con el servicio militar obligatorio. Cuba no necesita mantener una maquinaria militar costosa, ineficiente y diseñada históricamente para controlar a la población. Buscaría un acuerdo en el que Estados Unidos asuma la defensa exterior de Cuba, permitiendo redirigir esos recursos a desarrollo nacional.
En el plano económico, impulsaría un tratado de libre comercio con Estados Unidos para integrar plenamente a Cuba con la economía más poderosa del planeta. Eso permitiría atraer inversión masiva, generar empleo, transferir tecnología y dar acceso preferencial a los productos cubanos en el mercado estadounidense.
Mi visión para Cuba no es una isla dependiente del turismo y las remesas. Es una nación convertida en centro de negocios, logística, comercio y producción del Caribe.
Cuba debe aprovechar su ubicación geográfica para convertirse en plataforma comercial regional, modernizar sus puertos, expandir su capacidad naviera y transformarse en un puente entre América del Norte, el Caribe y América Latina.
Prioridad a la economía y a la dolarización
También impulsaría concesiones de tierra a largo plazo en zonas estratégicas para megaproyectos industriales, energéticos, logísticos y urbanísticos que atraigan capital internacional serio.
Bajaría impuestos agresivamente para atraer bancos, multinacionales, aseguradoras, tecnológicas y grandes corporaciones que hoy buscan jurisdicciones competitivas para establecer operaciones regionales.
Fortalecería la agricultura, la ganadería y la infraestructura hídrica para que Cuba deje de ser una economía dependiente y pase a ser una nación productiva.
Impulsaría la dolarización de la economía cubana. Cuba no puede atraer inversión seria ni generar confianza con una moneda débil y manipulable. Una economía dolarizada aportaría estabilidad, protegería el ahorro de los ciudadanos, facilitaría el comercio internacional y enviaría una señal inmediata de confianza a los mercados.
La inversión como prioridad
Establecería un programa de residencia permanente por inversión para quienes aporten capital productivo al país, junto con vías migratorias preferenciales para profesionales, emprendedores y trabajadores altamente calificados con talentos estratégicos. Cuba necesita competir globalmente no solo por atraer dinero, sino también capital humano.
Esta política permitiría acelerar la llegada de inversión, tecnología, experiencia empresarial y conocimiento técnico, fortalecer sectores clave de la economía y aumentar la base productiva nacional, convirtiendo a la isla en un destino atractivo para quienes quieran construir y prosperar.
También impulsaría una renovación moral y cultural que acerque nuevamente a Cuba a la fe cristiana y a los valores judeocristianos que han servido de base ética a gran parte de la civilización occidental. Creo en una nación donde se fortalezca la familia, se promueva la responsabilidad individual, se respete la libertad religiosa y se fomente una cultura de trabajo, honestidad, dignidad humana y deber cívico. La reconstrucción de Cuba no debe ser solo económica o institucional; también debe ser espiritual y moral.
Mi objetivo es construir una Cuba rica, segura, moderna y estratégicamente alineada con Occidente.






