
No somos suizos, ¡somos cubanos!
Por Dagoberto Valdés Hernández (centroconvergencia.org)
Pinar del Río.-
Comienzo hoy con la conocida anécdota entre dos hombres extraordinarios en la historia de Cuba: Orestes Ferrara, italiano, quien fue coronel mambí, senador y uno de los constituyentistas de 1940. El otro, un pinareño, José Manuel Cortina, filósofo, senador, canciller, padre de la oratoria cubana y también constituyentista de 1940, autor de la conocida y actualísima frase pronunciada en plena convención constituyente: “¡Los partidos fuera, la Patria dentro!”
La anécdota ocurrió en una de las sesiones ordinarias del Senado y fue recogida así:
“En el Capitolio cubano un hacendado llamado Cortina proponía un proyecto con el objetivo de adoptar los métodos de la agricultura suiza en la agricultura cubana. El plan sonó muy bien hasta que Ferrara, con su humor afilado, puso una objeción: Su proyecto suena excelente, Sr. Cortina. Pero, ¿con cuántos suizos cuenta usted para sacar adelante su proyecto?”
Esta anécdota ha sido utilizada durante décadas para demeritar al pueblo cubano, para menguar nuestras capacidades y talentos.
La obra será titánica
Hoy, ante la posibilidad de que se precipiten cambios sistémicos y estructurales en nuestra Patria, y ante las nuevas voces disonantes que vuelven a dudar de la capacidad de los cubanos de asumir con responsabilidad, madurez y eficacia la necesaria transición y la laboriosa reconstrucción de Cuba, quiero continuar la saga de mi coterráneo Cortina para argumentar mi convicción de que entre los cubanos de la Isla y de la Diáspora existe el talento, la capacidad, la iniciativa y el carácter emprendedor, necesarios y suficientes para enfrentar exitosamente, no sin enormes retos, las transformaciones económicas, políticas, sociales que Cuba requiere para vivir en una libertad responsable y en una democracia de calidad.
Esto no significa que esté diciendo que será fácil, no, será una obra titánica. Esto no desconoce el grave daño antropológico que ha causado el totalitarismo comunista en la persona del cubano, pero creo y estoy convencido de que ese daño puede ser revertido y sanado con un proyecto humanista vareliano y martiano. La esencia misma de toda persona, esa “imagen y semejanza” de Dios que el mismo Creador ha esculpido en cada ser humano, es la semilla y la garantía de la sanación de ese daño antropológico. Cuba sanará.
La paralisis es culpa del sistema
En otro sentido, echar sobre los cubanos, sobre nuestra idiosincrasia, sobre nuestros defectos, la responsabilidad que le corresponde, principalmente, a un sistema que quita la libertad y bloquea la creatividad, la iniciativa y la laboriosidad de los cubanos es, por lo menos, injusto. Es una mentira para postrarnos, para desanimarnos, para desecar el espíritu que ha caracterizado a nuestro pueblo, con el fin de aplastar toda obra emprendedora de cambios, renovación y progreso.
Es el sistema político, económico y social el responsable de la parálisis, de la involución de Cuba, de la abulia que no encuentra sentido al trabajo porque no se siente parte y porque no ve su fruto. Aquellos “polvos” que vislumbraba Ferrara se convirtieron en lodazal y arenas movedizas durante el totalitarismo.
Sin embargo, hay fuertes razones y evidencias convincentes de que la causa del empobrecimiento material, moral y espiritual que sufre Cuba no es “la forma de ser”, ni el “carácter o el talante” de los cubanos. Sin chovinismo, ni falsos nacionalismos, sin desconocer tampoco nuestras propias limitaciones, voy a referirme, sin embargo, a solo cuatro ejemplos demostrativos del verdadero “ethos”, de la auténtica identidad y cultura de los cubanos cuando viven en libertad:
1. En los años republicanos que siguieron a la mencionada anécdota de Cortina y Ferrara, Cuba alcanzó su mayor grado de esplendor y desarrollo, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial y en la década de los cincuenta en que llegó a tener el tercer Producto Interno Bruto de América Latina y el peso cubano estaba a la par del dólar americano. Cuba exhibía numerosos adelantos, incluso antes que España e Italia. No fueron los suizos, Señor Ferrara, señores pesimistas de hoy, fueron los cubanos.
Miami es un ejemplo de lo que pueden hacer los cubanos
2. Los cubanos obligados a salir al exilio, los éxodos masivos, sin nada, “con una mano alante y otra atrás” convirtieron un poblado lleno de pantanos y cocodrilos en lo que es hoy la ciudad de Miami y también el sur de la Florida y han logrado instalarse, trabajar duro y progresar, incluso llegando a ascender en altos cargos empresariales y políticos, en cualquier latitud a donde ha llegado la Diáspora cubana. Este es el más grande monumento y la prueba más fehaciente de lo que son capaces los cubanos cuando vivimos en libertad y democracia. No fueron los suizos, Señor Ferrara, señores descalificadores de hoy, somos los cubanos.
3. Aunque sea en menor escala, quiero referirme también a los cubanos y cubanas que durante estos 67 años hemos logrado no solo sobrevivir dentro de Cuba, sino pensar con cabeza propia aunque la cabeza sienta la bota del opresor. Pienso en los cubanos que a lo largo de estas décadas han tratado de levantar cabeza, de emprender aprovechando cada grieta del totalitarismo, aunque cada vez fueran talados y bloqueados sus pequeños intentos de trabajar duro, de emprender, de sacar la cabeza, hasta demostrarlo en el llamado trabajo por cuenta propia, porque el régimen no quiere ni llamarlo sector privado, que es otra grieta del desencajado sistema económico obsoleto e ineficiente.
Todo el mundo puede constatar en Cuba que: lo que no funciona es lo estatal, y lo que funciona es lo privado, a pesar del férreo control y del bloqueo del Estado. Y que, a pesar de los pesares, esas pequeñas iniciativas privadas son hoy, las pequeñas luces que mantienen la esperanza en la capacidad y el talento de los cubanos, aún en la más oscura noche de la crisis terminal. Y esas señales en la noche no las mantienen encendidas los suizos, Señor Ferrara, señores de hoy, somos los cubanos.
No fueron los suizos
4. Otras señales en la oscuridad son los cubanos que en la Isla y en la Diáspora han mantenido la antorcha de la libertad encendida, en alto, con dignidad y creatividad. A pesar del paredón, de la cárcel, del exilio, del destierro, de la represión cotidiana, de la delación y los actos de repudio, de las infiltraciones y traiciones.
Los cubanos hemos vuelto a tejer los primeros hilos de la sociedad civil incipiente: grupos, movimientos, partidos, publicaciones, obras cívicas y religiosas, en nuestro tiempo son todas pacíficas. Y además de tejer sociedad civil, los cubanos también hemos sido capaces de pensar nuestro futuro, de preverlo, de consensuarlo entre la Isla y la Diáspora, con un Itinerario de Pensamiento y Propuestas para el futuro de Cuba durante once años, como lo ha realizado el primer think tank independiente, el Centro de Estudios Convivencia, con sus 21 estudios de otros tantos sectores y temáticas, todos imprescindibles para la reconstrucción de Cuba y la sanación de los cubanos (Cf. www.centroconvivencia.org/propuestas). Y no fueron los suizos, Señor Ferrara, señores de hoy, hemos sido los cubanos de la Isla y de la Diáspora bajo las más inhumanas condiciones que se puedan imaginar.
No hay patria sin virtud
Esto, y mucho más, seremos capaces de hacer y de crear, de pensar y emprender, durante la transición y la etapa de reconstrucción de una Cuba libre, democrática, próspera y feliz.
Quien cree, difunde y enarbola que los cubanos no estamos preparados, que no somos capaces, no tenemos pensamiento y propuestas para el futuro, que no tenemos talentos y recursos para asumir la responsabilidad y el protagonismo principal que nos toca en esta nueva etapa, quien esto dice, o es del inmovilismo y la continuidad o contribuye sin saberlo a que se perpetúe la opresión y la postración de los cubanos.
Quienes ayudemos a despertar conciencia y fe en lo que somos y tenemos, de lo que somos y seremos capaces de hacer por la redención y reconstrucción de nuestra Patria, quienes sembramos esperanza realista y fe inquebrantable en Dios y en el mejoramiento humano y en la virtud que somos capaces de vivir y cultivar los cubanos, estaremos haciendo la patria nueva, porque “no hay patria sin virtud, ni virtud con impiedad”.
Cuba se levantará sobre el trabajo y la virtud. Así lo simbolizan las dos monumentales estatuas de bronce, del autor italiano Angelo Zanelli, que flanquean la majestuosa escalinata de nuestro Capitolio Nacional.
Seamos sembradores de esperanza realista y cultivadores de fe en el mejoramiento humano.
Ánimo y a levantar la frente: ¡somos cubanos!






