
Increíble: La Cuba sobrecumple su plan, mientras el país se muere de hambre
Por Max Astudillo
Ciego de Ávila.- En medio de un país donde producir alimentos se ha convertido en una odisea diaria, la Empresa Agropecuaria La Cuba, de Ciego de Ávila, vuelve a aparecer en los titulares oficiales como el ejemplo perfecto de que “sí se puede”.
La misma entidad que en su momento fue visitada por Miguel Díaz-Canel, con una tablilla de precios que parecía sacada de otro país, ahora sobrecumple su plan trimestral en un 138 %. Todo muy bonito sobre el papel, todo muy útil para la propaganda. El problema es que la realidad del cubano común sigue yendo por otro carril.
Según datos divulgados por el Invasor, la empresa debía producir 1165 toneladas y terminó alcanzando 1608. El plátano lideró con 750 toneladas, seguido por frijoles, boniato y arroz. Números que, aislados, pudieran parecer un éxito rotundo, pero aquí es donde empieza la trampa: en un país donde la escasez es estructural, un resultado puntual se convierte en espectáculo, mientras el resto del sistema agrícola continúa hundido entre la falta de insumos, combustible y una gestión ineficiente que nadie quiere reconocer.
El propio discurso que acompaña la noticia intenta construir una épica: trabajadores que “no se rinden” ante apagones y crisis energética. Y sí, es cierto, el cubano no se rinde porque no le queda otra y convertir la resistencia en virtud del sistema es una jugada vieja del régimen.
La gente produce a pesar del Estado, no gracias a él. Mientras unos pocos logran sacar adelante cifras aceptables, la mayoría del país sigue sin acceso estable a alimentos básicos.
En términos económicos, la empresa también “cumplió”: de un plan de 90 millones de pesos, generaron 116 millones. Otra vez, el número suena mejor de lo que realmente significa. ¿De qué sirve producir más dinero en un contexto donde la moneda está devaluada y el poder adquisitivo es prácticamente inexistente? Es la típica victoria estadística que no se traduce en bienestar real. El papel lo aguanta todo; la mesa del cubano, no.
Y mientras tanto, la narrativa oficial insiste en que “cuando la voluntad no falla, la tierra responde”. Una frase que intenta simplificar un problema complejo y, de paso, quitarle responsabilidad al aparato estatal. No, no es solo cuestión de voluntad. Es cuestión de políticas fallidas, de control excesivo, de un modelo que ha demostrado una y otra vez que no funciona.
La Empresa Agropecuaria La Cuba podrá ser presentada como un oasis, pero el resto del país sigue siendo un desierto productivo que la dictadura no ha sabido —ni querido— transformar.






