Por Yoelbis Arbelo ()
Matanzas.- Imagínate, claria, que tú llegas a una casa, le rompes la puerta, le sacas al dueño a patadas, le tiras la tele por la ventana, le vacías la nevera, le pintas «derrota total» en la pared y, antes de irte, le dejas el gas abierto. Y entonces el tipo, desde el suelo, con un ojo morado y la boca llena de sangre, te grita: «JA, PERO ME QUEDÉ CON EL CONTROL DE LA SALA».
Pues así están los que hoy celebran que Irán le está ganando la guerra a Estados Unidos e Israel. La misma tropa de ilusos que ahora cree que una teocracia en ruinas está dando cátedra militar. No sé si reír o encargarles un chequeo de la vista.
Porque miremos los datos sin el filtro de la militancia barata. Si entrarle a un país, hacerle «reset completo» —borrarle al líder supremo, al presidente, a medio gabinete, a los jefes militares, desmontarle la flota, apagarle la aviación, reventarle la infraestructura petrolera, dejarle la producción en modo reliquia soviética, hacerle cirugía mayor al programa nuclear y ponerle diez condiciones tipo contrato de rendición elegante— no es una derrota, entonces qué es. ¿Un empate? ¿Un «depende»? Porque cuando tú le dices al otro: «firma o en unas horas esto pasa de país a recuerdo histórico», y el otro firma, la crónica deportiva diría que perdieron. Pero no, en la mente del progresismo teledirigido, eso es «resistencia heroica».
¿Un rasguño o una amputación?
Y ahí están los números, que duelen como patada en la espinilla. Del lado iraní: eliminación del líder supremo (según reportes recientes del conflicto), del jefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria, decenas de científicos y altos cargos en los últimos años. Destrucción de hasta dos tercios de su arsenal de misiles.
Ataques a bases aéreas, sistemas defensivos, instalaciones nucleares, fábricas, transporte, energía. Una economía que se contrajo un 10%, inflación por las nubes, desempleo masivo, colapso industrial. Más de dos mil muertos dentro de Irán. Daños en más de cien mil edificios. ¿Eso es ganar? Si eso es ganar, que Dios los proteja de una derrota, porque no queda ni el mapa para llorarla.
Del otro lado, claro, también hubo pérdidas. Porque una guerra no es un videojuego, aunque a algunos les guste fingir que sí. Derribo de al menos un F-15 y daños a otras aeronaves. Críticas internas en Israel por «falta de victoria clara». Un daño de credibilidad estratégica en Estados Unidos que los analistas ya están midiendo con lupa. Y bajas indirectas en frentes asociados, esos que nadie cuenta en los titulares porque no venden banderas.
Pero comparar eso con el borrón y cuenta nueva que le hicieron a Irán es como comparar un rasguño con una amputación. Sólo un iluso —o un militante— puede mirar los dos balances y decir: «empatamos».
La fe no paga misiles
Y ojo, porque aquí hay una tradición larga de confundir no desaparecer con ganar. Es la misma escuela que decía que Maduro había derrotado a la oposición porque seguía en el poder, ignorando que el país estaba en ruinas. La misma que hoy mira a Irán y ve una resistencia victoriosa cuando lo que hay es una teocracia en estado vegetativo. El problema no es la guerra, que ya es terrible. El problema es la estupidez analítica que convierte un desastre en una victoria por decreto.
Así que, claria, cuando escuches a alguien decir que Irán está ganando, hazte un favor: respira hondo, sonríe con cariño, y recuerda que hay gente que necesita creer que perder todo es ganar porque la verdad les quita el sueño.
Mientras tanto, el mapa de Oriente Medio se sigue escribiendo con fuego real, no con tuits de autoayuda geopolítica. Y los que de verdad ganaron —los que borraron líderes, flotas y programas nucleares— ya están pensando en la próxima jugada. Los ilusos, en cambio, seguirán celebrando en la tribuna mientras el estadio se cae a pedazos. Qué bonita es la fe, ¿no? Lástima que no pague misiles.
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