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La ingeniera que desafió a la polio y se convirtió en la Reina de los Hurricanes

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A Elsie MacGill le dijeron que no volvería a caminar con normalidad. Ella respondió diseñando aviones.

Mientras cursaba su maestría en ingeniería aeronáutica, una enfermedad la dejó paralizada de la cintura para abajo. Los médicos le advirtieron que probablemente viviría en silla de ruedas. Su sueño de volar parecía terminado antes de empezar. Pero Elsie no aceptó que ese fuera el final de su historia.

Ya había crecido desafiando lo que se esperaba de una mujer en su tiempo. Nacida en Vancouver en 1905, venía de una familia donde abrir caminos era casi una tradición. Entró a estudiar ingeniería cuando esos espacios todavía estaban pensados para hombres, soportó burlas, miradas y prejuicios, y aun así siguió adelante hasta convertirse en una de las primeras ingenieras del país.

Luego llegó la polio. Y con ella, el golpe que habría derrumbado a muchísimas personas.

Pasó años en recuperación, aprendió a volver a caminar con bastones y se negó a apartarse del mundo de la aviación. No pudo ser piloto, pero encontró otra forma de llegar al cielo: construir las máquinas que otros volarían.

En 1938 fue nombrada ingeniera aeronáutica jefa en Canadian Car and Foundry, algo extraordinario para su época. Desde allí dirigió la producción de aviones durante la Segunda Guerra Mundial y se volvió conocida como la Reina de los Hurricanes. Mientras medio mundo todavía dudaba de lo que una mujer podía hacer en ingeniería, ella ya estaba a cargo de miles de trabajadores y de una de las tareas industriales más exigentes de su tiempo.

Lo más admirable de Elsie MacGill no fue solo su talento. Fue su negativa a dejar que la tragedia definiera sus límites. La enfermedad le quitó una vida posible, pero no logró quitarle el futuro.

Y como si eso no bastara, después de abrirse paso en la ingeniería, dedicó buena parte de su vida a defender los derechos de las mujeres y de los niños, convencida de que avanzar sola no era suficiente si las demás seguían encontrando las puertas cerradas.

Elsie MacGill no solo construyó aviones. Construyó un lugar para sí misma en un mundo que no pensaba ofrecérselo. (Tomado de Datos Históricos)

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