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El que da la vida por la revolución (y se la hará en los pantalones)

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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- Díaz-Canel se ha lucido. En la entrevista con Pablo Iglesias, el presidente impuesto ha soltado la perla: «Nosotros estamos dispuestos, y te lo digo con la convicción profunda que tengo, que la he compartido con mi familia, de que nosotros damos la vida por la revolución». Y uno, que lleva décadas viendo a estos tipos, no puede evitar soltar una carcajada. Porque la historia, la que ellos mismos han escrito, demuestra una y otra vez que los tiranos, cuando la cosa aprieta, no dan la vida: la salvan. La suya, claro. La de los demás, como siempre, les importa un bledo.

Fidel Castro, el padre de la patria, cuando el país se desmoronaba en los noventa, no dio la vida. Se la pasó entre vinos y manjares en Punto Cero, dando discursos eternos mientras el pueblo hacía cola para comer un pedazo de pan. Raúl Castro, el general del Ejército, cuando llegó la hora de verdad, renunció a la presidencia, pero se quedó con el poder real, con el ejército, con los negocios, con todo. Y ahora este, el mayoral, el administrador de la ruina, viene con que «da la vida por la revolución». Ay, Miguelito, si te vi, no me acuerdo.

Lo que no dice Díaz-Canel, lo que calla mientras pronuncia esas palabras con la solemnidad del que ensaya un discurso que no le sale natural, es que ya está temblando. Se le nota en la cara desencajada, en las ojeras profundas, en esos kilos que ha perdido en los últimos meses. No es por la dieta, no es por el ejercicio. Es por el miedo. El miedo de saber que está acorralado. Por un lado, los Castro, que lo tienen de rehén, que lo usan como escudo humano mientras ellos negocian su salida con Washington. Por otro, Estados Unidos, que ha puesto sus ojos en la isla y no va a parar hasta que esto termine.

Cuando suene el primer tiro

La pregunta es inevitable: ¿qué hará Miguelito cuando suene el primer disparo? ¿Qué hará cuando aparezca el primer helicóptero americano sobre el Malecón? ¿Qué hará cuando los Delta Force toquen a la puerta del Palacio de la Revolución? Porque él mismo lo ha dicho: está dispuesto a dar la vida. Pero nosotros, los que lo conocemos, los que sabemos que este hombre nunca ha sido un militar, nunca ha sido un luchador callejero, nunca ha puesto el cuerpo, sabemos lo que pasará. Se hará caca en los pantalones. Y no es una metáfora. Es un hecho fisiológico.

Ver las palabras de Díaz-Canel: (https://www.facebook.com/reel/1417922660028974)

Lo peor es que Trump lo sabe. El presidente estadounidense, que tiene a los Castro en su punto de mira, que ha estudiado a cada uno de los actores de esta tragicomedia, sabe perfectamente que Díaz-Canel ni pinta ni da color. Sabe que el verdadero poder en Cuba no está en el Palacio de la Revolución, sino en las residencias de los Castro. Sabe que el mayoral es un florero, un títere, un hombre que llegó a la cima por obra y gracia del anciano de 94 años y que, cuando la cosa se ponga fea, no va a estar ni para el recuerdo.

Así que, Miguelito, cuando digas eso de que «das la vida por la revolución», nos acordaremos de este momento. De tu cara desencajada, de tus ojeras, de tus kilos perdidos. Nos acordaremos de cómo prometes heroísmo mientras tu propio cuerpo te traiciona, mientras tu mirada se pierde en el horizonte buscando una salida. Porque al final, cuando llegue el momento de verdad, no habrá discurso que valga. No habrá convicción que sostenga. Solo habrá un hombre solo, acorralado, que prometió dar la vida y lo único que dará será un mal espectáculo. Pero bueno, al menos eso sí sería revolucionario: un presidente cubano que se caga en los pantalones mientras el pueblo, por fin, respira libre.

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