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Por Anette Espinosa ()
La Habana.- Pablo Iglesias, el exvicepresidente español que ha hecho de la defensa de las dictaduras su marca personal, ha adelantado en sus redes sociales un fragmento de la entrevista que le hizo a Miguel Díaz-Canel. Y ahí está el presidente cubano, con esa cara de funcionario que intenta parecer estadista, diciendo sin pestañear que los 32 cubanos que murieron en Caracas durante la acción de los Delta Force para capturar a Nicolás Maduro ofrecieron «una resistencia tremenda». Y luego, con la solemnidad que le presta el guion, añade: «Si esos ofrecieron esa resistencia, cuál no podría ser la del pueblo cubano». Uno escucha eso y no sabe si reír o escupir.
Porque la verdad, la que no sale en la entrevista de Iglesias, es que los 32 cubanos fueron masacrados. No hubo resistencia heroica, no hubo una defensa épica, no hubo nada que remotamente se parezca a la imagen que Díaz-Canel intenta proyectar. Las fuerzas especiales estadounidenses entraron, hicieron su trabajo, y los cubanos que estaban allí, los que el régimen había enviado a proteger a Maduro, cayeron como moscas. No pudieron proteger al dictador venezolano, que ahora está preso en Nueva York esperando juicio. No pudieron hacer nada. Pero Díaz-Canel necesita vender la ficción de la resistencia, porque es lo único que le queda.
Y entonces uno se pregunta: si esos 32, entrenados por el aparato militar cubano, con armas, con experiencia, con todo el poder del Estado detrás, no pudieron hacer nada contra los Delta Force, ¿qué nos hace pensar que el pueblo cubano, que no tiene armas, que no tiene entrenamiento, que no tiene nada, podría resistir algo? La pregunta de Díaz-Canel es retórica, pero la respuesta es obvia: no podríamos. No queremos. La inmensa mayoría de los cubanos no quiere resistir al imperio, quiere resistir al régimen. No quiere defender a los Castro, quiere que se vayan.
Díaz-Canel habla de resistencia mientras el país se desmorona. Habla de heroísmo mientras los hospitales no tienen anestesia, las farmacias están vacías, los niños se acuestan sin cenar y los jóvenes se juegan la vida en travesías a veces a ningún sitio. Habla de la defensa de la patria mientras la patria se muere de hambre. Pero claro, él no ve nada de eso. Él ve lo que le dictan desde el guion. Y Pablo Iglesias, el entrevistador, le sigue el juego, porque para eso le pagan.
Lo peor de todo no es la mentira de Díaz-Canel. Lo peor es que se atreva a usar la muerte de 32 cubanos para intentar intimidar a los que se atrevan a levantarse contra el régimen. Para decirnos: «miren cómo lucharon los nuestros, así lucharán ustedes si se atreven». Pero se equivoca. Porque los cubanos no vamos a luchar por ustedes. No vamos a luchar por los Castro. No vamos a luchar por un régimen que nos ha robado todo, que nos ha condenado a la miseria, que nos ha convertido en mendigos en nuestra propia tierra. Si algún día hay que luchar, será contra ustedes. Y esa lucha, esa sí, será tremenda.
Queda por ver el resto de la entrevista, que Iglesias promete publicar completa. Seguro que habrá más perlas de este presidente que miente como respira, que confunde la resistencia con la sumisión, que cree que con palabras puede tapar la realidad de un país que se desangra. Pero mientras tanto, nos quedamos con esta: 32 cubanos muertos, una masacre que él llama resistencia, y un pueblo que no quiere saber nada de él ni de los suyos. Eso, señor presidente, es lo único cierto en esta historia. Todo lo demás, pura ficción.