Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Comparte esta noticia

Por Yeison Derulo

La Habana.- Durante dos horas la Seguridad del Estado interrogó a Caridad Silvente, la madre de Anna Sofía Benítez Silvente. Dos horas intentando encontrar algo que no existe. Dos horas buscando un delito donde no lo hay. Cuando un régimen necesita fabricar culpables es porque no tiene argumentos. Y cuando necesita sentar a una madre frente a un interrogatorio para presionarla y decirle que está bajo prisión domiciliaria, lo que demuestra no es fuerza: demuestra miedo.

En Cuba ya conocemos demasiado bien ese método. Primero vigilan, después amenazan, más tarde inventan un expediente y, si hace falta, construyen un delito a la medida. No importa que la persona sea inocente, ni que se trate de una joven que solo ha tenido el valor de decir lo que piensa. Lo importante para el poder es enviar un mensaje: cualquiera que levante la voz será castigado. Así funciona una dictadura que no tolera ni el más mínimo gesto de dignidad.

Pero lo verdaderamente extraordinario en esta historia no es la presión del régimen. Lo extraordinario es la valentía de Anna Sofía y la firmeza de su madre. Hace falta coraje para plantarse frente a ese aparato represivo y no bajar la cabeza. Hace falta una entereza enorme para saber que pueden inventarte cualquier cosa y aun así seguir adelante. Esa es la madera de la que están hechas las personas que cambian la historia.

Y aquí aparece la pregunta incómoda que muchos prefieren evitar: ¿qué pasaría si en Cuba hubiera miles de jóvenes como Anna Sofía? ¿Qué pasaría si miles de madres reaccionaran con la misma dignidad que la señora Caridad? Probablemente este país sería otro. Probablemente esa maquinaria del miedo que lleva más de seis décadas funcionando ya se habría quedado sin combustible.

Por eso el mensaje es claro. Si mañana intentan encarcelar a Caridad o a la propia Anna, el pueblo cubano no puede seguir mirando para otro lado. No podemos permitir que esas almas valerosas queden solas frente a un sistema que solo sabe aplastar a los individuos aislados.

Si algo ha sostenido a la dictadura durante 67 años ha sido el silencio colectivo. El día que ese silencio se rompa, ese mismo día empezará a caerse el miedo que mantiene de pie todo este edificio de injusticia.

Deja un comentario