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Por Robert Prat ()
San Juan.- El Grupo A tiene dueño y se llama Puerto Rico. Con tres victorias en tres presentaciones, los boricuas ya sellaron su boleto a cuartos y descansarán el último día para esperar rival en Miami. Pero abajo, en la trinchera del segundo puesto, Cuba y Canadá se juegan el todo por el todo este miércoles en el Hiram Bithorn.
Una victoria de los norteños los dejaría con marca de 2-1 (en dependencia de lo que hagan este martes ante Puerto Rico) y los enviaría a la siguiente ronda; una derrota dejaría a los cubanos empatados con 2-2, pero con la ventaja en el diferencial de carreras si ganan por la mínima. Es un duelo de matar o morir, y el pitcheo será el que dicte sentencia.
Germán Mesa ha decidido entregarle la pelota a Liván Moinelo, y la decisión tiene una lógica aplastante. El zurdo de los Fukuoka SoftBank Hawks viene de una actuación estelar ante Panamá en el debut: tres entradas y dos tercios, dos hits, cuatro ponches y una confianza que contagió a todo el vestuario.
Es el MVP de la Liga Japonesa, el único cubano que ha conseguido ese honor, y llega con una efectividad de 1.46 en la temporada nipona. No es un abridor, es un mensaje. Mesa lo sabe y por eso lo dijo claro: «Nos dio la confianza desde el principio porque llegó bien» .
Enfrente estará Cal Paul Quantrill, un nombre que los canadienses corean con orgullo. El derecho viene de lanzar un sólido relevo ante Colombia en el debut y ha demostrado que la camiseta de la hoja de maple le queda grande. Pero si Canadá tiene un punto débil, es que su ofensiva ha vivido de destellos: ocho carreras a Colombia en un inning y nada más. Ante Panamá, apenas fabricaron tres y perdieron. Contra un pitcheo cubano que ha sido lo más sólido del equipo, cualquier titubeo se paga caro.
La ventaja de los antillanos no está solo en el abridor. Detrás de Moinelo, el organigrama es claro: Yariel Rodríguez está listo para emerger desde el bullpen con esa recta que enciende radares, y si el partido llega cerrado al noveno, Raidel Martínez espera para ejecutar con la sangre fría que ya mostró ante Panamá, cerrando con un ponche de 97 millas que valió salvamento. Es una maquinaria de precisión que ya suma 16 ponches en el torneo, una cifra que rompe récords cubanos en Clásicos .
Las matemáticas son simples pero engañosas. Cuba necesita ganar sí o sí, pero no le sirve cualquier victoria. Un triunfo por una carrera los deja empatados con Canadá en récord, pero con mejor diferencial si los norteños no anotan. Una victoria holgada, además del pase, enviaría un mensaje a los cuartos: que este equipo, tan cuestionado antes del torneo, tiene armas para soñar. Pero cuidado, que Canadá no perdona. Si Moinelo falla, si el bullpen se resquebraja, el sueño se esfuma. El béisbol es así: a veces, una tarde define un legado. Y mañana, en San Juan, Cuba se juega el suyo.