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La Habana.- ¿Y si les dijera que en menos de un mes, Estados Unidos podría estar manejando la economía cubana? Suena a película de ciencia ficción, ¿verdad? Pues agárrense, porque una figura cercana a Donald Trump, la activista de derecha Laura Loomer, ha soltado una bomba en redes sociales: una supuesta fuente de “alto nivel” le asegura que la Casa Blanca asumirá la gestión económica de la isla en 30 días. ¡Treinta días! Como si fuera una simple mudanza, o peor, como si Cuba fuera una finca que se puede hipotecar y rematar al mejor postor.
Loomer, esa que se las da de periodista investigativa y de “guardiana de la lealtad” trumpista, lanzó el anzuelo en su cuenta de X. Miles de interacciones, likes, republicaciones… el circo mediático, siempre hambriento de un buen escándalo, se encendió al instante. ¿Detalles? ¿Evidencia? ¿Un plan concreto? Nada de eso. Solo una frase lapidaria, lanzada al vacío como una botella al mar, esperando que alguien la recoja y la interprete a su antojo. ¿Y la fuente? Un misterioso “alto nivel” que, por supuesto, nadie puede verificar. ¿Será el mismo nivel de las promesas incumplidas que nos tienen ahogados?

La noticia, o más bien el rumor con ínfulas de profecía, corrió como pólvora entre el exilio y los que aún sueñan con un cambio radical. Algunos, con la esperanza pintada en la cara, lo celebraron como el principio del fin del “castrocomunismo”. Otros, más cínicos o quizás más realistas, especularon con paralelismos a Venezuela, o recordaron las viejas tácticas de asfixia económica que nunca han funcionado del todo. ¿Será que ahora sí, con Trump al mando, la cosa va en serio? ¿O es solo otra cortina de humo para distraernos mientras los de siempre siguen repartiéndose el pastel?
Lo cierto es que, hasta ahora, ni la Casa Blanca, ni el Departamento de Estado, ni ningún funcionario yanqui con dos dedos de frente ha confirmado ni negado nada. ¡Silencio oficial! Como si la cosa no fuera con ellos. Y es que, seamos honestos, ¿dónde está escrito que EE.UU. puede simplemente “asumir la gestión económica” de otro país? ¿Acaso somos una colonia olvidada, un protectorado a la deriva? ¿O es que la soberanía, esa palabra que tanto les gusta repetir a los dirigentes cubanos cuando les conviene, ya no vale nada?
Loomer, por su parte, no se cansa de lanzar dardos. Ya había escrito un “Cuba is next” hace unos días, como si fuera una lista de la compra. Y ahora esto. Todo esto, claro, en el contexto de un Trump que parece tenerle un cariño especial a la idea de “poner en cintura” a los gobiernos de izquierda en el hemisferio. Sanciones, aislamiento, embargos… la vieja receta que, curiosamente, parece beneficiar más a los que ya están en el poder que a la gente del pueblo. ¿Será que la “ayuda” de EE.UU. vendrá con más cadenas que con libertad?
Mientras tanto, aquí en la isla, la realidad sigue su curso implacable. Las colas kilométricas para conseguir un pollo que sabe a cartón, los hospitales que se caen a pedazos, el transporte público que es una pesadilla digna de Dante. Y los dirigentes, esos gordiflones que se pasean en carros importados, nos venden la película de que todo está bajo control, de que somos un ejemplo para el mundo. ¿Un ejemplo de qué? ¿De cómo sobrevivir con lo mínimo mientras otros se dan la gran vida? ¿De cómo mantener la esperanza cuando te la quitan a diario?
¿Y si esta afirmación de Loomer, por descabellada que parezca, es solo el reflejo de una estrategia más profunda? ¿Una forma de presionar, de generar incertidumbre, de preparar el terreno para un cambio que, sea quien sea el que lo impulse, seguramente no será para el beneficio de la mayoría? Porque seamos claros, ni los unos ni los otros han demostrado tener el interés real en mejorar la vida del cubano de a pie. Solo les interesa el poder, el control, y quizás, solo quizás, los recursos que esta tierra aún guarda.
La pregunta que queda flotando en el aire, cargada de escepticismo y una pizca de temor, es: ¿Estamos ante una amenaza real, una estrategia política o simplemente el delirio de una aliada de Trump que busca notoriedad? Lo único seguro es que, mientras ellos juegan a la geopolítica con nuestro destino, nosotros seguimos aquí, en el barro, intentando darle un sentido a esta existencia. Y la pregunta del millón sigue siendo: ¿Cuándo nos tocará a nosotros, los cubanos, tomar las riendas de nuestro propio futuro, sin tutelas ni promesas vacías?