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Por Jadir Hernández ()
Este 28 de febrero de 2026, la alianza militar entre Estados Unidos e Israel ha ejecutado la «Operación Furia Épica», un ataque de decapitación total contra la cúpula del régimen en Teherán. De hecho, las imágenes satelitales reveladas hoy muestran la destrucción masiva del complejo del Líder Supremo Alí Jamenei, quien fue el objetivo principal junto al presidente iraní.
Y es que las fuerzas de la coalición no se detuvieron ahí: los bombardeos de precisión eliminaron a Mohammad Pakpour, comandante de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC). En una reacción desesperada, Irán ha lanzado misiles contra seis países (Qatar, Jordania, Israel, EAU, Bahréin y Kuwait), mientras el príncipe heredero Reza Pahlavi anuncia la caída inminente de la tiranía islámica y pide a los ciudadanos prepararse para la batalla final en las calles.
Si bien el régimen lanza misiles como cortinas de humo para proyectar un falso control en medio del caos, la verdadera estocada mortal tiene que venir desde adentro. Hay gran incertidumbre, sí, pero el pueblo iraní ha pagado con demasiada sangre como para dudar ahora; es el momento de pisar el acelerador a fondo.
Como bien sentenció el presidente Trump, este es el momento exacto para que los iraníes busquen su libertad definitiva. Puesto que el aparato represivo de la Guardia Revolucionaria está aturdido y descabezado, los ciudadanos tienen la ventana táctica perfecta para tomar las calles y aplastar lo que queda de la tiranía. Si capitalizan este vacío de poder, no solo borrarán del mapa a la mayor amenaza de Washington, sino que cerrarán para siempre la tubería de financiamiento que oxigena a otras dictaduras globales.
En medio de este caos global, hay un factor estratégico que no podemos perder de vista: la alianza histórica y oscura entre Cuba e Irán. Si la cúpula islámica se ve acorralada y sin salida —y sabemos que como buenos radicales no van a ceder—, es inminente que dirijan su mirada hacia su principal sucursal en América Latina, ya sea buscando refugio, cobrando favores o usando la isla como base.
De ahí que el colapso absoluto del terrorismo en Medio Oriente tenga repercusiones mortales para La Habana. No hablamos de solidaridad ideológica, hablamos de supervivencia criminal conjunta: reportes de Diálogo Américas y Árbol Invertido confirman que La Habana sobrevive gracias a líneas de crédito iraníes de hasta 500 millones de dólares anuales y recién firmaba un plan de cooperación a diez años cediendo su infraestructura naval para operaciones de Teherán en la región.
En definitiva, Cuba ha funcionado como el caballo de Troya perfecto, estructurando la inteligencia venezolana para facilitar la infiltración de Hezbolá en el hemisferio. Con la cúpula de Jamenei bajo los escombros, la dictadura castrista pierde de un plumazo su cajero automático, su socio logístico y su escudo para evadir sanciones internacionales.
¿Cuánto tiempo más cree la cúpula de La Habana que podrá sostener su circo de miseria sin esos millones ensangrentados? ¿Están ya preparando la fuga los cómplices del castrismo antes de que los drones que hoy pulverizan a sus financistas fijen sus coordenadas en el Palacio de la Revolución?