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En 1986, el director francés Jean-Jacques Annaud tenía un problema serio.
Estaba preparando la adaptación cinematográfica de El nombre de la rosa, la célebre novela de Umberto Eco, y aún no encontraba al actor adecuado para interpretar a Salvatore.
Salvatore no era un personaje sencillo.
Era inquietante, ambiguo, con un pasado como hereje y una presencia física casi perturbadora. Necesitaba alguien capaz de transmitir rareza sin caricatura.
Durante la búsqueda apareció el nombre de Franco Franchi, un comediante siciliano muy popular en Italia durante los años 70 y 80. Fue considerado para el papel.
Sin embargo, surgieron tensiones creativas. El contrato exigía que los actores adoptaran la tonsura monástica real, pero Franco se negó a cortarse el cabello y propuso una solución artificial: un parche de maquillaje que simulaba la zona rapada.
El resultado no convenció. El efecto alteraba la forma de su cabeza y rompía la verosimilitud visual que Annaud buscaba para la atmósfera medieval de la película.
Tras varias discusiones, Franco abandonó el proyecto poco antes del inicio del rodaje.
Annaud necesitaba una solución inmediata.
Entonces recordó a un actor estadounidense al que había conocido durante el rodaje de “En busca del fuego”.
Ese actor era Ron Perlman.
Años más tarde, Perlman contaría que en ese momento estaba prácticamente sin trabajo y con pocas perspectivas. Una llamada cambió todo.
“¿Tienes algo que hacer los próximos meses?”
“No.”
“Toma un avión a Roma.”
Viajó casi sin equipaje.
El lunes siguiente estaba en el set.
El papel exigía transformaciones físicas intensas. Cada mañana debía pasar aproximadamente tres horas en maquillaje para construir el rostro asimétrico, marcado y extraño de Salvatore. Prótesis, cicatrices, deformaciones sutiles.
El resultado fue impactante.
Salvatore se convirtió en uno de los personajes más memorables de la película, junto a Sean Connery, quien interpretó a Guillermo de Baskerville.
Lo que comenzó como una salida de último momento terminó consolidando una actuación que muchos consideran clave en la atmósfera inquietante del filme.
A veces una puerta se cierra por desacuerdo.
Y otra se abre… con un vuelo de última hora y tres horas diarias de maquillaje.