Osmany Hernández y la historia del régmen que abandona a los suyos

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Por Anette Espinosa ()

La Habana.- Osmany Hernández era un trabajador de la Unión Eléctrica (UNE), de esos que el gobierno llama «soldados de la revolución» cuando hay un huracán y hay que poner el cuerpo en el poste. En septiembre del año pasado, un corte eléctrico estuvo a punto de matarlo. Perdió los dos brazos. Quedó inválido. Y el régimen, que tanto alaba a sus trabajadores cuando los necesita, hizo lo que siempre hace cuando ya no sirven: prometió y desapareció.

La solidaridad de los cubanos, dentro y fuera de la isla, se movilizó. Porque en Cuba, la gente es más humana que el Estado. Pero las instituciones que prometieron que Osmany no quedaría desamparado se esfumaron como el humo de una termoeléctrica averiada. Le pusieron unas tejas a su casa, y ya. Ahora el agua se filtra, la vivienda se inunda, y Osmany, su esposa y sus dos hijos pequeños viven en la precariedad mientras los burócratas se llenan la boca con discursos de «protección al trabajador».

La historia de Osmany no es nueva. Es la historia de los militares que regresaron de Angola con el cuerpo roto y el alma destrozada, y el régimen los dejó tirados como un fusil oxidado. Es la historia de los médicos que dieron su vida por la revolución en misiones internacionalistas, y cuando volvieron viejos y enfermos, no hubo ni una caja de medicinas para ellos. Es la historia de los ancianos que trabajaron décadas en las fábricas del socialismo, y hoy rebuscan en la basura para comer.

¿Dónde está el Estado que alardea de humanismo?

El castrismo siempre ha tenido una lógica implacable: usa, explota, y cuando el cuerpo ya no da más, abandona. No hay jubilación digna, no hay rehabilitación, no hay una puta pensión que alcance para vivir. Los que un día fueron héroes de la patria, los que sudaron la camisa por la revolución, terminan siendo mendigos en la misma tierra que les prometió todo. Y mientras tanto, los dirigentes se bañan en lujos y se olvidan del nombre de Osmany.

¿Dónde están ahora las instituciones que prometieron que Osmany no quedaría desamparado? ¿Dónde está la UNE? ¿Dónde está el Estado que tanto presume de su «justicia social»? En el olvido, como siempre. Porque en Cuba, el Estado solo es solidario con los suyos. Y los suyos no son los trabajadores, son los que tienen el carnet del Partido, los que viven en Cubanacán, los que viajan a Panamá en un jet privado a hacer negocios mientras el pueblo se muere de hambre.

La solidaridad de los cubanos no puede ser la única respuesta. Las instituciones que hicieron las promesas también deberían responder. Pero no lo harán. Porque el régimen no tiene memoria, ni vergüenza, ni corazón. Osmany Hernández es un trabajador que dio todo por la revolución, y la revolución le devolvió una casa con goteras y un olvido criminal. Si esto es lo que recibe un «soldado de la revolución», que se preparen los demás. Porque el castrismo no perdona, ni siquiera a los suyos.

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