
Laritza Camacho cuestiona los precios abusivos y la gestión económica del Gobierno cubano
Por Yeison Derulo
La Habana.- El debate sobre los llamados precios abusivos en Cuba vuelve a poner sobre la mesa una contradicción señalada por Laritza Camacho: el propio Gobierno que establece precios y reglas para la economía también denuncia los precios que aplican actores privados autorizados por ese mismo Gobierno.
Camacho compara esta dinámica con una partida de Monopolio, donde los jugadores avanzan, compran propiedades y acumulan dinero de papel, sin reparar en las condiciones necesarias para que el juego funcione.
La comparación se extiende a la infraestructura del país. Camacho cuestiona que se puedan promover negocios, fábricas, bancos o establecimientos sin garantizar servicios esenciales capaces de sostenerlos. Electricidad, agua, transporte y otras infraestructuras resultan indispensables para que cualquier actividad económica pueda desarrollarse. Sin esas condiciones, las empresas pueden producir, vender o comprar, aunque encuentran dificultades para mover sus mercancías y mantener sus operaciones.
Otro de los problemas planteados es la confrontación entre los propios actores económicos. Laritza describe un escenario donde cubanos que administran Mipymes terminan enfrentados con otros cubanos que compran en esos mismos negocios. Esa disputa, según su análisis, termina beneficiando a quienes tienen interés en conservar el poder, al tiempo que perjudica a comerciantes y consumidores.
El resultado es una economía marcada por conflictos, decisiones cambiantes y medidas que pueden ser aprobadas para después ser modificadas o eliminadas.
Camacho también cuestiona el discurso oficial sobre la defensa del socialismo. En su opinión, la realidad cotidiana de sectores esenciales como la economía, la salud, el deporte y la educación contradice la imagen de estabilidad que pretende proyectarse. A esa situación suma la incongruencia de determinadas políticas y decisiones gubernamentales, que contribuyen a una percepción de desorden permanente.
La expresión “todo patas arriba” resume una realidad que, desde su perspectiva, ya ni siquiera conserva las condiciones necesarias para volver a ponerse en pie.



















