Graduación en tiempos de apagón: la farsa del triunfalismo cubano

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Por Mkc Cerralvo ()

Santa Clara.- Hoy fui a la graduación de mi hijo mayor como Bachiller. La actividad estuvo a la altura del momento histórico, entre ida y venida de la corriente…

La modesta ceremonia se celebró en un teatro donde no cabían los estudiantes, los familiares, el calor y, sobre todo, el «triunfalismo» de los tres años del Pre, que terminaron llenos de glorias y éxitos.

Todos los cursos fueron una maravilla. No se habló de que en la escuela faltaban casi la mitad de los profesores, de que se dejaron de dar más clases de las que se dieron, de que el porcentaje de contenido —en muchos casos mal dado— no llegaba ni a la mitad de lo que se debía impartir, ni de que los estudiantes aprendieron más por los profesores particulares que tuvimos que pagar los padres para prepararlos para las supuestas pruebas de ingreso que por las clases que dieron. Y al final, ni pruebas de ingreso hubo.

Creo que el peor estudiante de mi grupo de la Vocacional, al graduarnos en el año 1994, estaba mejor preparado que los supuestos mejores de ahora… pero nada de eso me asombra.

Me pregunto cómo será la graduación de mi hijo pequeño, que aún no tiene 3 años. Como veo que el nivel de decadencia continúa, y mis cálculos me dicen que se va a graduar antes de que pasen los no sé cuántos milenios que le quedan a esto, la cosa va a estar mucho peor.

Ya me imagino al mismo profesor triunfalista que presidió el acto, diciendo todos los éxitos de esos tres años… danzando alrededor de una hoguera, vestido con algunas ramas, entregando diplomas a los mejores graduados hechos de hojas de plátano, y felicitando a los estudiantes por haber obtenido en su mayoría carreras universitarias, como: Recolectores A, B y C; Cazadores Diurnos y Nocturnos; Ceramistas y Exportadores de Barro.

Los mejores escalafones pudieran estudiar para Brujos y Magos… y los militantes y futuros cuadros, carreras de Cacique o Políticos de la tribu.

Pero hay que estar «feliz» porque es lo que toca. No importa que más de la mitad de los bachilleres no sepan lo que es un coseno, ni quién fue Arquímedes o Mendeleiev. Lo que importa es que seguimos «avanzando», graduando estudiantes que serán los futuros médicos, ingenieros, maestros, licenciados y, sobre todo, los futuros reparadores de termoeléctricas, que tantos necesitamos.

¡Muchas felicidades a los nuevos graduados…!

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