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Senaquerib: El rey que desvió ríos para destruir y para crear

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Hay nombres que en la antigüedad hacían temblar las paredes de las ciudades, y Sennacherib era el principal de ellos.

Este rey asirio llevó el poder militar de Nínive a niveles de terror nunca vistos. En el año 689 a.C., tras años de rebeliones agotadoras, Sennacherib decidió borrar a Babilonia de la faz de la tierra.

No solo saqueó sus templos, sino que desvió los canales del río Éufrates para que el agua cubriera las ruinas de la ciudad sagrada, un acto de sacrilegio que conmocionó al mundo.

Pero Sennacherib no solo fue un destructor; también fue un ingeniero visionario que transformó a Nínive en la ciudad más espléndida de su tiempo. Construyó el Palacio sin Rival, con jardines que algunos creen que fueron los verdaderos jardines colgantes de las leyendas, y un sistema de acueductos que traía agua fresca desde kilómetros de distancia.

Su reinado fue una contradicción constante entre la brutalidad extrema de sus conquistas y la sofisticación técnica de sus construcciones arquitectónicas y canales de irrigación.

Su final fue tan violento como su vida, siendo asesinado por sus propios hijos mientras rezaba en un templo, posiblemente como castigo divino por la destrucción de Babilonia.

Sennacherib dejó un imperio en su cenit, pero también una semilla de odio entre sus súbditos que terminaría germinando décadas después en la caída de su capital.

¿Puede una civilización ser recordada por su belleza arquitectónica si sus cimientos están construidos sobre la destrucción despiadada de otras culturas milenarias?

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