Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Salomón no heredó simplemente un trono; recibió la responsabilidad de convertir a Israel en el centro de sabiduría del mundo antiguo.
Conocido por su juicio legendario, como aquel donde propuso dividir a un niño para encontrar a la verdadera madre, su nombre se convirtió en sinónimo de una inteligencia que rozaba lo divino.
Bajo su mando, Jerusalén se transformó en una joya arquitectónica, coronada por el magnífico Primer Templo, una estructura que buscaba albergar la presencia misma de Dios.
Su riqueza era tan vasta que se decía que la plata era tan común como las piedras en las calles de su reino. Pero más allá del oro de Ofir, Salomón era un naturalista, poeta y filósofo que atraía a monarcas de tierras lejanas, como la Reina de Saba, quienes viajaban solo para escuchar sus palabras.
Su diplomacia evitó guerras sangrientas, prefiriendo los vínculos comerciales y matrimoniales para asegurar la paz en una región siempre convulsa.
A pesar de su gloria, la historia de Salomón es también una advertencia sobre la complejidad del alma humana. Un hombre que lo tenía todo y que, al final de sus días, reflexionó sobre la vanidad de la vida en sus escritos.
Su legado mezcla la magia, la fe y la razón de una manera que sigue cautivando a la humanidad miles de años después. ¿Crees que la sabiduría es realmente el don más valioso que un líder puede tener?