
La falacia iraní de haber ganado la guerra es solo eso: propaganda
Por Carlos Carballido ()
Dallas.- El régimen iraní, fiel a su manual de propaganda, declara una vez más la “victoria” sobre Estados Unidos e Israel.
Medios estatales, el cuartel general Khatam al-Anbiya y voceros oficiales repiten el mantra: “los enemigos humillados aceptaron la derrota”, “imponemos nuestra voluntad divina” y “EE.UU. fue obligado a firmar”.
Esta narrativa se difunde hasta el cansancio, pero choca frontalmente con los hechos verificables. Y lo peor, es consumida por esos que llevan el odio a Occidente muy en su ADN.
¿Como se puede declarar victoria cuando los hechos son demasiados tangibles? La izquierda conciente e inconcientes sabe cómo hacerlo.
El 28 de febrero de 2026, la Operación Epic Fury de EE.UU. e Israel lanzó casi 900 ataques en las primeras 12 horas. El resultado: muerte del líder supremo Ali Khamenei, decenas de altos mandos (defensa, inteligencia, IRGC) y destrucción masiva de defensas aéreas, lanzadores de misiles, bases navales e infraestructura militar. Irán perdió miles de efectivos y gran parte de su capacidad ofensiva.
Su fuego de misiles cayó más del 90% en semanas, con salvas pequeñas y baja efectividad ante las defensas israelíes y estadounidenses.
Irán respondió con cientos de misiles y drones, pero la mayoría fueron interceptados. Lograron daños limitados en Israel y bases regionales, pero a un costo desproporcionado.
Entonces, cual es el costo real de la mentada “victoria”:
Bajas iraníes: Entre 3.500 y más de 6.000 muertos (militares y civiles), más de 26.000 heridos y millones desplazados, según fuentes como el Ministerio de Salud iraní, HRANA y estimaciones occidentales.
Daños económicos: Cientos de miles de millones de dólares. Bloqueo temporal del Estrecho de Ormuz, pero sin colapso global duradero.
En contraste, bajas estadounidenses e israelíes fueron mínimas en proporción, con defensas efectivas que limitaron el impacto. Menos de un centenar para ambos países en contraste con las cientos de miles de bajas iraníes.
Si Irán hubiera ganado la guerra no tendría que firmar ningún acuerdo de entendimiento. Pero sí lo tuvo que hacer a regañadientes.
El acuerdo obliga a Irán a :
• No adquirir ni producir armas nucleares.
• Desmantelar aspectos clave de su programa nuclear.
• Entregar uranio enriquecido y aceptar inspecciones estrictas.
• Fin de hostilidades en todos los frentes, incluyendo proxies como Hizbulá.
Teherán lo vende como “rendición estadounidense”. La realidad: el régimen acepta límites bajo presión militar y económica para sobrevivir. Reabrir Ormuz y buscar alivio de sanciones refleja debilidad, no fuerza.
Supervivencia no equivale a victoria. Es lo mismo que proclamar triunfo por no haber sido borrado del mapa.
Esta falacia no es nueva. Regímenes como el iraní —y otros similares— redefinen la derrota como “resistencia heroica” para mantener el control interno. Mientras celebran en televisión estatal, entierran comandantes, reconstruyen ruinas y enfrentan una población que paga el precio real.
Los hechos son claros: Irán salió debilitado militar y estratégicamente. La repetición machacona de “victoria” no cambia la evidencia. Es propaganda para ocultar una humillación estratégica.






