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Por Padre Alberto Reuyes ()

Camagüey.- Los italianos tienen una frase que siempre me ha resultado muy simpática: “Me la sento di
dirtelo”. Es un modo de justificar un impulso verbal. Es algo así como: “Igual no es el momento, igual no tengo derecho a decirte esto, igual no me toca…, pero siento que te lo tengo que decir”.

Y yo “me la sento” de decir algo a esa realidad que llamamos “la Izquierda”. Sé que soy un simple cura rural, una voz minúscula. Sin embargo, “me la sento” de dirigirme a toda la Izquierda que vive fuera de Cuba, mi tierra.

Los sueños son hermosos, los ideales también. Durante mucho tiempo mi isla ha sido para la Izquierda, tanto la Europea como la Latinoamericana, el sueño y el ideal de lo que nunca ha existido: un socialismo exitoso, un país marxista-leninista alegre y próspero. En ese sueño, el pueblo se siente a gusto y protegido. Además, no hay injusticias ni miserias. El humilde está respaldado y seguro, orgulloso de sus dirigentes y confiado en el futuro feliz y luminoso de sus hijos. Eso es lo que desde una minuciosa
propaganda les pidieron ver. También eso es lo que ustedes se han empeñado y se empeñan en ver.

Yo entiendo que les hubiese gustado que Cuba fuera el modelo de un socialismo exitoso y funcional. Pero mentiría si les digo que es así. Sé que es duro ver los sueños romperse. Además, sé cuán difícil puede ser superar el deseo obstinado de querer que lo que no es, sea.

Cuba es un fracaso

El modelo cubano ha sido un fracaso, y quisiera pedir a la Izquierda que termine de aceptarlo. Porque mientras ustedes se niegan a asumirlo y se ufanan en seguir diciendo a un muerto: “¡Ánimo, tú puedes seguir adelante!”, mi pueblo sufre. Además, mi pueblo padece y mi pueblo se muere.

Padecemos una vida similar a la de las naciones en guerra, donde todo se vuelve una odisea desgastante: la comida, las medicinas, el transporte, el estudio, las condiciones de trabajo… Padecemos el miedo a expresarnos libremente y la vulnerabilidad ante un sistema judicial que condena toda opinión diferente. Además, padecemos la incertidumbre de un modelo social donde no tenemos control sobre nuestro presente ni sobre nuestro futuro. Padecemos la muerte de nuestros sueños, el síndrome de la huida y el mar infinito como nuestra única esperanza.

Yo hubiese querido decir lo contrario, hubiese querido gritar: “¡Vengan, hemos encontrado la fórmula de la felicidad, hemos logrado un paraíso terrenal, hemos hallado el modo de desterrar de este mundo la injusticia y la miseria!” Pero sería una burla de mi parte invitarlos a vivir un espejismo, hermoso y esperanzador, como todos los espejismos. Sin embargo, ese espejismo es vacío y falso.

No se burlen de mi pueblo

Y del mismo modo que me niego a burlarme de ustedes, les pido lo mismo para mi pueblo. Por favor, dejen de burlarse de mi pueblo, dejen de defender maquinalmente una realidad que no existe.

Respétense y asuman que Cuba no es lo que ustedes hubiesen querido que fuera. También vean que 67 años es tiempo más que suficiente para demostrar que nunca lo será.

Si ustedes creen que el marxismo-leninismo es la solución a los problemas de este mundo, tienen todo el derecho a buscar desde él las soluciones, y yo los respetaré. Pero no aplaudan el fracaso del socialismo en mi tierra con discursos de fingido orgullo. Y si no quieren decir por lo claro que hemos fracasado, al menos guarden silencio. Aprendan a callar, que también puede ser una opción digna.

Nosotros, por nuestra parte, seguiremos intentando construir una Cuba donde se pueda vivir en la verdad y la libertad. Además, recordaremos, de tanto en tanto, a Oscar Wilde cuando decía: “Todos estamos en
el fango, pero algunos miramos las estrellas”.

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