
El cartero de cuatro patas que dio la vuelta al mundo
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Viajó medio mundo sin comprar un billete, sin pasaporte y sin saber siquiera que existían las fronteras. En 1895, un perro llamado Owney fue enviado en una vuelta al mundo con una etiqueta que decía: «Paquete canino certificado». No era un animal de raza ni un perro de exposición. Era un mestizo callejero que un día entró en una oficina de correos de Albany, Nueva York, y decidió que aquel era su hogar.
Owney apareció una mañana cualquiera, buscando refugio. Los empleados, en lugar de echarlo, le dejaron dormir sobre unas sacas vacías. Pronto descubrió que las sacas viajaban en trenes, y él no iba a quedarse atrás. Se convirtió en el primer viajero frecuente del correo estadounidense, recorriendo el estado de Nueva York y luego todo el país. Los trabajadores postales lo adoptaron como su mascota y su amuleto de buena suerte. Donde fuera, llevaba consigo una colección de medallas y placas que colgaban de su collar, cada una con el nombre de la oficina que lo había acogido.
El collar se llenó tanto que el director general de Correos, John Wanamaker, tuvo que mandarle hacer un arnés para repartir el peso. Owney no era un perro cualquiera: era un ícono. Las placas tintineaban con cada paso, como un pasaporte sonoro que narraba sus viajes. No podía hablar, pero su equipaje contaba la historia.
El cartero más querido
El 19 de agosto de 1895, Owney emprendió su mayor aventura: una gira publicitaria alrededor del mundo. Viajó en barcos y trenes, cruzó Asia y Europa, y regresó a Estados Unidos 129 días después. No necesitó traductor ni guía. Las sacas postales eran su ruta, y los empleados de correos, su familia adoptiva. Cuando volvió, las etiquetas que colgaban de su arnés eran la prueba de que había estado en lugares que la mayoría de los humanos solo conocían por los mapas.
Owney murió en 1897, pero los trabajadores postales no lo olvidaron. Conservaron su cuerpo y parte de sus placas. Hoy descansa en el Museo Postal Nacional del Smithsonian, donde sigue siendo uno de los viajeros más famosos del siglo XIX. Un perro que no tenía dueño encontró un propósito, y sin saberlo, se convirtió en el cartero más querido de la historia. Porque hay viajes que no se eligen, y hay destinos que nos eligen a nosotros.







