Mbappé llega a 14 goles en Mundiales y está a dos de Klose

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Por Yoyo Malagón (Enviado Especial)

Nueva York.- El fútbol, ese deporte que se escribe con las piernas pero se siente con el alma, tuvo en el MetLife Stadium una tarde de esas que piden ser contadas. Francia y Senegal, dos selecciones con hambre de gloria, se dieron de frente en el Grupo I, y el reloj, mudo en el primer tiempo, terminó hablando por boca de Kylian Mbappé.

El astro del Real Madrid, capitán de Les Bleus, apareció cuando el partido se dormía, como esos amigos que llegan tarde a la fiesta pero la prenden con solo poner un pie en la pista. Dos gritos, dos puñetazos al arco senegalés, y el marcador se tiñó de galo: 3-1, con su sello, y el de la promesa Ibrahim Mbaye, ya en el tiempo añadido.

El primer tiempo fue de esos que invitan a mirar el celular. La escuadra gala, sin brújula ni puntería, chocaba una y otra vez contra el muro verde de Senegal, que no solo se defendía con uñas y dientes, sino que además se animaba a morder. Dos veces, casi seguidas, el palo le dijo «no» a los africanos, como si el destino, caprichoso, les hubiera puesto un letrero de «prohibido pasar». Se fueron al descanso con el cero en el marcador y con la sensación de que el partido pedía a gritos un héroe.

Y apareció Kylian

Y entonces, mediado el segundo tiempo, apareció Mbappé. Michael Olise, con la vista de un ajedrecista, le filtró un balón al capitán, y este, sin aspavientos, solo cambió la dirección del esférico para firmar su decimotercer gol en tres mundiales. Y luego el 14, como las rosas que le regalan a una novia, pero que aquí huelen a historia.

El delantero, con la frialdad de un cirujano y la velocidad de un cohete, había puesto a Francia al frente y, de paso, dejaba claro que su nombre ya se escribe con letras doradas en los anales de la Copa.

Pero el partido no se iba a quedar ahí. Bradley Barcola, recién entrado al campo, puso el 2-0 con una definición que merecía un aplauso, y Senegal, herido pero vivo, recortó diferencias. Fue entonces cuando el partido se rompió, como un cristal que estalla y deja mil reflejos. En la prórroga, Mbappé, insaciable, y el joven Ibrahim Mbaye, que promete ser el relevo generacional, maquillaron el marcador para dejarlo en un 3-1 que no miente pero que tampoco cuenta todo el sufrimiento de un primer tiempo olvidable.

Con esta victoria, Francia se coloca líder del Grupo I y Mbappé, con 14 dianas, se pone a dos de Miroslav Klose, el alemán que tiene el récord con 16. Dos pasos, dos goles, que parecen nada pero son un abismo. El MetLife Stadium, testigo de la hazaña, se vistió de gala, y el mundo, que miraba desde cada rincón, se quedó con la certeza de que este Mundial, como todos los grandes relatos, todavía tiene mucho que contar.

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