El jefe, la perla y el rodillo rosa

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Por Yoyo Malagón ()

Madrid.- El fichaje más caro de la historia del Real Madrid se hizo esperar. Yan Diomande no aparecía en la tablilla del once titular una hora antes del duelo en Gelsenkirchen, y el personal se quedó un poco plof. Querían ver a esa perla de ébano que hace dos años dibujaba sus primeros trazos en Butarque, o sea, en Leganés, la cuna sagrada de Dani Carvajalo. Mou le dio la última media hora. No hay prisa. Tiene 19 años. Su yogur no tiene fecha de caducidad. Triunfará.

Otra historia es Mbappé. Mourinho no quiso esperar más con el Bota de Oro del Mundial, el tipo que ha superado a Messi jugando la mitad de ediciones. Especial. Diferencial. Va por libre, posiblemente, pero cuando se trata de perforar redes es un cheque al portador. En 12 minutos aterrorizó a los zagueros del Schalke y a Karius, ese amigo que en Kiev fue el jugador número 12 del Madrid pero que ahora ha encontrado la luz en Gelsenkirchen. Mbappé no se apiadó. El estadio enmudecía cada vez que el ’10’ tocaba el balón. El jefe, sobre el césped, está claro quién es.

Su pareja de baile, Vini, escoltó a la izquierda, y a la derecha el autor del golazo que vale una Torre de Hércules: Brahim. En el centro, por fin, cayó el desconcertante Camavinga, para probar con Fede Valverde y el sabio Bernardo Silva, con el mago Arda Güler por delante. Atrás, la novedad fue el debut de Konaté, ese central que se ha pasado el verano adelgazando para llegar en perfecto estado de revista. Mou agradeció su esfuerzo dándole la titularidad. Y en la portería, esa zona pantanosa que en 2013 le costó la salida al portugués, regresó el THE GOAT, Tibu Courtois.

Huijsen, Espí, Cucurella

El fichaje más celebrado por el madridismo, Cucurella, también se hizo esperar, pero en el segundo acto ya pudimos disfrutar de su melena icónica y su vigor habitual. La grada le pitaba. No olvidan lo de la Eurocopa y aquel penalti. Cucu, ni caso. No saben perder. Y al ‘7’ actual, Vinicius, le pasó lo mismo en Gelsenkirchen. Cada vez que tocaba la pelota, silbidos. Nunca se había enfrentado a ellos. No hizo ningún gesto desafiante. Pero ya se sabe: también pitaban a Cristiano, que aquí se hinchó a meterles goles en Champions. Mejor no darle más vueltas.

La goleada dejó más notas positivas. Huijsen, que ya triunfó en Roma con Mou, casi hace un doblete a balón parado. Carlos Espí, el tanque de Tavernes, sigue deslumbrando: en tres ratos con su nueva camiseta lleva dos goles y otro anulado en Riazor por un fuera de juego milimétrico. Apunta a fichaje muy rentable. El Madrid de Mourinho cierra la pretemporada con solidez, sin grandes alardes, pero pasando por encima de los rivales con un juego solidario que no deja rendijas. En la segunda patria de Raúl pueden dar fe: un rodillo rosa les pasó por encima. El sábado toca Cornellà. Esto tiene buena pinta.

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