Honor y traición en las logias cubanas

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Miami.- Por Julia Jareño ()

Hoy muchos miran con asombro la noticia de cómo un ex Gran Maestro de la masonería habría proporcionado información sobre miembros de la institución a la policía política cubana. El caso de Filemas representa, según las denuncias difundidas, un episodio que despierta indignación y profundas interrogantes dentro de la masonería cubana: la presunta entrega de direcciones y datos personales de masones activos e inactivos a agentes de la Seguridad del Estado.

Sin embargo, ¿de verdad debería sorprendernos? La dictadura cubana lleva décadas intentando penetrar, vigilar y controlar cualquier espacio independiente, incluidas las organizaciones fraternales y religiosas que conservan cierta autonomía frente al poder. Cuando un régimen teme a la libertad de conciencia, a la fraternidad y al pensamiento independiente, busca infiltrarse, sembrar la desconfianza y convertir a unos hombres en instrumentos de vigilancia contra otros. Porque no siempre necesita destruir una institución desde fuera; a veces intenta debilitarla desde dentro.

Pero que existan hombres sin decoro no significa que todos hayan perdido el suyo. Y es justo reconocer que dentro de las logias cubanas hay hombres honorables, fieles a sus principios, que no se prestarán a servir de instrumentos a una dictadura ni permitirán que la traición se disfrace de fraternidad.

Honor para defender los principios

La masonería, como cualquier institución que aspire a conservar su dignidad, tiene el deber de examinar estos hechos, exigir explicaciones cuando corresponda y actuar con firmeza ante las conductas que se demuestren incompatibles con sus principios.

Porque la verdadera fraternidad no consiste únicamente en compartir símbolos, rituales y juramentos. Consiste en ser digno de la confianza del hermano, especialmente cuando traicionarla puede poner en peligro su libertad y su seguridad. Podrán existir hombres que vendan su conciencia, pero jamás podrán convertir la deshonra de unos en la medida moral de todos.

Y que no se olvide: la traición puede infiltrarse en una logia, pero no por eso desaparecen los hombres que todavía saben lo que significan el honor, la lealtad y el decoro. La dignidad de una institución no se mide por la ausencia de traidores, sino por la firmeza con que sus hombres honorables defienden sus principios frente a ellos.

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