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En Cuba, leer la Biblia en una esquina es un acto de guerra, pero mandar a la horda de la Seguridad del Estado a aterrorizar niños es «orden interior».
Lo ocurrido en Matanzas con el Pastor Rolando es la prueba definitiva de que, para la dictadura, la fe es una amenaza directa al monopolio del miedo. Mientras el Periódico Girón —ese panfleto que solo sirve para envolver mandados cuando hay suerte— intenta difamarlo con un guion de quinta categoría, la realidad de la represión en la Isla supera cualquier ficción oficialista.
Ahora resulta que el pastor es un «agente de desestabilización» por ejercer su fe. ¿Desde cuándo el Espíritu Santo necesita un tarjetón de la Seguridad del Estado para bajar a la calle?
Pero al aparato de propaganda le salió un grano donde más les duele: Danilo Aguilera.
A Danilo lo conozco bien, de la calle, de la Habana de los «cuentapropistas» que sudan el lomo. Compartimos el lente como fotógrafos durante años y puedo dar fe de que es un hombre honesto, un trabajador al que nadie le ha regalado un centavo. Su denuncia no es «política barata», es decencia básica frente al abuso de poder.
Danilo los puso en su sitio con una pregunta que les recorrió la espina dorsal como un frío de tumba: ¿El terror de los niños en el vídeo es IA? ¿Los policías que arrastraron al pastor son actores disfrazados?
«Cuba es una dictadura de corral, donde la ley es lo que diga el Mayoral», disparó Aguilera. Y no se equivocó un milímetro.
Es de un cinismo galopante que el régimen hable de «Estado laico» mientras mantiene a las familias cubanas en un vía crucis eterno de hambre y vigilancia. Se llenan la boca citando «valores cristianos» los mismos que históricamente han perseguido a los creyentes. ¿De qué fe hablan los que metieron a religiosos en las UMAP?
El esbirro que redactó la nota del Girón cree que el pueblo es bobo. El Pastor Rolando no es peligroso por lo que dice, es peligroso por lo que hace: labor social real en un país donde el Estado solo sabe prohibir y vigilar.
Quienes firman estas notas difamatorias deben saber que el pueblo ya no cree en sus tribunales de cartón ni en su propaganda digital. Sigan intentando digitalizar el miedo y diciendo que la realidad es un «vídeo falso».
Ustedes, los que sostienen la pluma del verdugo, tienen un problema logístico: el avión no es tan grande. No caben todos. Y cuando la justicia de los hombres —la de verdad— llegue a Cuba, no habrá «limitación energética» que les apague la vergüenza frente a sus vecinos.
En Cuba, el único que está dando sus últimos estertores es el sistema, y no hay Biblia que los salve del juicio que ya tienen en la puerta.
La libertad de conciencia no consiste en decir lo que uno quiera, sino en poder creer lo que el corazón nos dicta, sin que nadie tenga el derecho de intervenir.