Posesión y poco más: España empata y deja dudas

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Por Yoyo Malagón (Enviado Especial)

Atlanta.- Pues bueno, mis ñoños amantes del fútbol de posición y del toque intrascendente, agarren palco porque España volvió a hacer lo de siempre: tener la pelota como si fuera una reliquia familiar y al final terminar dando las gracias por un empate sin goles ante Cabo Verde.

La Selección estrenó Mundial en Atlanta, en ese Mercedes-Benz Stadium que parece una nave espacial, y el resultado fue más de lo mismo: dominación estéril, mucho tiki-taka y cero pepino. Cabo Verde, que juega su primer Mundial de la vida, se fue para su hotel con un puntito que sabe a gloria celestial, y España se quedó con la misma cara de incredulidad que el que compra lotería y solo acierta el reintegro.

Y aquí es donde entra el personaje principal de esta función, que no fue ningún español. El héroe de la tarde se llama Josimar José Évora Dias, conocido como Vozinha, un cuarentón con 1,89 de altura que juega en la Segunda División de Portugal y que anoche se convirtió en el muro de Berlín versión africana.

Vozinha no solo paró lo que le tiraron, sino que se puso el traje de superhéroe y espantó cualquier intentona ibérica de abrir la cuenta. Salidas a tiempo, reflejos de felino y una seguridad que hacía temblar a los delanteros españoles cada vez que se acercaban. Para que se den una idea: el tipo controló el área, la medialuna, el círculo central y hasta los baños del estadio. Un fenómeno.

Posesión y poco más: España empata y deja dudas
Vocinha fue el héroe del partido

Toca y toca… y nada más

Mientras tanto, España tuvo la pelota el setenta y pico por ciento del tiempo. La tocaron de un lado pa otro, con Rodri intentando aparecer, con Pedri hilvanando jugadas, con Cucurella intentando algún desborde, y nada.

Pero resulta, sorpresa, que tener la posesión sin saber qué hacer con ella es como tener un Ferrari y no saber cambiar de marcha. El equipo africano se plantó bien atrás, sin dar espacios, y España se estrelló una y otra vez contra ese autobús bien estacionado.

Luis de la Fuente luego diría en zona mixta que no tuvieron fortuna, que el rival no dejó espacios frente al área. Ah, pero se le olvidó decir una cosita: que tampoco supieron aprovechar los pocos que tuvieron.

Incluso, cuando llegó la segunda mitad y el técnico español movió el banquillo con la esperanza de encontrar una chispa, y puso a Lamine Yamal, el niño maravilla del Barcelona, por quien algunos hasta se tiraban de los pelos para que entrara, tampoco pasó nada.

Mis santos, lo que vimos fue todo menos maravilloso. El chaval entró a mitad del segundo tiempo con la misión de desatascar el partido y lo que hizo fue perderse, tropezarse y regalar casi cada balón que tocó. Intentó recortar, lo marcaron; quiso encarar, se lo comieron; trató de asociarse, se equivocó en el pase. Parecía más un futbolista asustado que el extremo desequilibrante que todos esperaban. Su aportación fue tan intrascendente que hasta el propio Vozinha se aburría mirándolo fallar.

De la Fuente llama a insistir

Luis de la Fuente, fiel a su estilo, salió después a dar la cara. «Hay que seguir con la misma idea», dijo, como si el problema fuera la falta de fe en el sistema. «Insistir y mejorar la faceta finalizadora», añadió, reconociendo a medias que lo de meter goles les está costando un huevo.

Y sobre Lamine, aseguró que «le seguiré dando minutos para que vaya cogiendo ritmo». O sea, que al chaval lo van a poner sí o sí aunque no esté fino, mientras el empate sabe a poco y el tiempo apremia. Porque eso sí, señores: en un Mundial, los ritmos se cogen entrenando, no regalando minutos en partidos que se escapan.

Así que ya saben, queridos lectores: España empató sin goles, dominó sin lastimar y estrenó su candidatura con más dudas que certezas. Cabo Verde, en cambio, se va con un punto histórico y con un héroe entre los tres palos que ya tiene un nombre y un apellido: Vozinha.

La próxima parada será otro examen para la furia roja, que deberá aprender rápido que de la posesión no se come, y que si Lamine Yamal no espabila, mejor que se quede en el banquillo. Porque el Mundial es una tía muy bonita, pero también muy hija de puta con los que no definen. Y eso, mis ñoños, no lo arregla ni el tiki-taka más hermoso del universo.

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