Roma, tres gatos y una «gran conferencia»

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Por Yeison Derulo

Roma.- Abel Prieto aterrizó en Roma dispuesto a salvar a Cuba del “bloqueo”. La conferencia, según Gerardo Hernández Nordelo, fue excelente. Solo faltó un pequeño detalle: el público. Tres gatos, cuatro sillas vacías y algún que otro camarada con cara de haber ido más por disciplina ideológica que por interés.

Eso sí, en las redes sociales la actividad debe haber parecido un acontecimiento histórico, de esos que en Cuba terminan en la Mesa Redonda con música épica y aplausos grabados.

Un tal Luciano Vasapollo hizo de moderador y allí estuvieron representantes del círculo GAP de la Red de los Comunistas, Cambiare Rotta y OSA. Una verdadera concentración de masas, solo comparable con una reunión del núcleo del Partido a las ocho de la mañana un lunes.

Abel habló del bloqueo y seguramente explicó otra vez todas las desgracias de Cuba, desde los apagones hasta la falta de comida, pasando por los hospitales sin medicinas. Lo curioso es que, después de más de seis décadas señalando al mismo culpable, todavía nadie ha conseguido explicar por qué el sistema necesita tantas excusas para justificar sus propios fracasos.

Gerardo, desde la distancia, no perdió la oportunidad de declarar excelente la conferencia. ¡Excelente! Esa palabra parece haber sido inventada para describir cualquier actividad oficialista donde haya una bandera cubana, un micrófono y cinco personas sentadas. Si mañana Abel organiza una conferencia en el baño de una estación de tren y acuden dos militantes, un estudiante despistado y el camarero, seguramente Gerardo aparecerá diciendo que fue un extraordinario encuentro internacional con amplia participación europea. Así funciona la propaganda: tres asistentes pueden convertirse en una multitud si se escribe con suficiente entusiasmo.

Lo verdaderamente llamativo es hasta dónde pretenden estirar este cuento. Roma queda muy lejos de La Habana, aunque la realidad cubana viaja con Abel en primera clase: apagones, escasez, salarios pulverizados y una población cansada de escuchar las mismas explicaciones.

El problema es que cada vez cuesta más vender la imagen de un Gobierno que supuestamente lo controla todo cuando necesita recorrer medio mundo para explicar por qué nada funciona. Tres gatos en Roma, una conferencia excelente y otro capítulo de la interminable novela del bloqueo. ¡Qué manera tan internacional de hacer el ridículo!

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